El cuarto jinete

A lo largo de la historia el hambre ha sido uno de los peores tormentos de la humanidad y durante mucho tiempo se creyó que era un designio de Dios, o de los dioses en el caso de los pueblos politeístas. En el relato bíblico del Apocalipsis, San Juan describe una visión en la que el Cordero rompe los siete sellos de un misterioso rollo, y al romperse el número cuatro, “vi un caballo amarillento, y el que lo montaba se llamaba muerte. Tras él venía el que representaba al reino de la muerte, y se les dio poder sobre la cuarta parte del mundo, para matar con guerras, con hambres, con enfermedades y con las fieras de la tierra” (Apocalipsis 6.7).

Pero las hambrunas no son causadas por caprichos ni castigos divinos, sino por calamidades naturales (sequías, inundaciones, terremotos, cataclismos volcánicos) y ante todo por desastres provocados por los mismos humanos: guerras, revoluciones, experimentos sociales totalitarios, desórdenes demográficos, políticas irresponsables, imprevisiones sociales, injusta distribución de la riqueza.

En estos días, muchos nicaragüenses sufren por la hambruna que azota al norte y occidente del país. La hambruna, según las informaciones periodísticas, es consecuencia del fracaso de la producción de café (en el norte) y la sequía (en el occidente), pero también de la imprevisión gubernamental, de las políticas económicas erróneas y del agravamiento del estado de pobreza extrema en que subsiste gran parte de la población nacional.

Hace 50 años, el médico brasileño Josué de Castro se hizo mundialmente famoso por su libro Geopolítica del hambre, en el que planteó la tesis de que las hambrunas no son producto de la fatalidad ni de las catástrofes naturales, sino que se deben a razones políticas, a la desigualdad social y a políticas económicas equivocadas.

El libro de Josué de Castro inspiró una movilización mundial “contra el hambre”, pero medio siglo después las hambrunas siguen haciendo estragos en diversas partes del mundo, incluyendo a Nicaragua. Y nuevos estudiosos de este apocalíptico problema, como el español Jorge Semprún, señalan que “las hambrunas de hoy no son la consecuencia de malas condiciones climáticas, ni de falta de alimentos, ni tampoco del destino. Son el producto de un puro cálculo político: los señores de la guerra dejan morir deliberadamente de hambre no a sus enemigos, sino a sus propios pueblos, con la única finalidad de poder obtener ayuda humanitaria, reconocimiento político, acceso al poder”.

En el caso de la hambruna que azota actualmente a la población más pobre del norte y el occidente de Nicaragua, causada por el colapso de la economía cafetalera y la sequía, estamos claros de que no se puede culpar directamente al gobierno, a no ser por las erróneas políticas económicas.

Pero aunque el gobierno no sea el causante directo de la hambruna y la pobreza extrema, sí las agrava y hace más odiosas al tener y exhibir a funcionarios que devengan sueldos y tienen privilegios mayores que los de sus colegas de los países más ricos del mundo y que se “indemnizan” con sumas cuantiosas cuando saltan de uno a otro cargo público; por los parientes y amigos cercanos del Presidente que se hacen millonarios con toda clase de negocios al amparo del poder (inclusive “casinos virtuales”); con diputados que no se conforman con los 5 mil dólares que devengan mensualmente y los 300 mil córdobas que reciben cada año para hacer favores a sus partidarios, sino que han decidido apropiarse, mediante “ley” dictada por ellos mismos, de diez millones de dólares de lo que produzca la venta de Enitel; etcétera.

A casos como este de Nicaragua se refería, sin dudas, el Papa Juan Pablo II, el 4 de diciembre del año pasado al decir (en su mensaje al Encuentro Internacional “De la reducción de la deuda a la reducción de la pobreza”), que “la persistencia de la pobreza es más escandalosa cuando es acompañada por el consumismo desenfrenado y la ostentación de la riqueza”.

La verdad es que ningún nicaragüense estaría sufriendo por hambre en este momento si los recursos que enriquecen desmedidamente a la cúpula gobernante se destinaran a atender los problemas socio-económicos de los sectores más vulnerables de la población nacional.  

Editorial
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