- Policía sospecha que fueron sus “amigos”, para robarle su parte del botín
- “La Vaca” murió con las vísceras de fuera. Nadie quiso abrirle la puerta
Mario Sánchez [email protected]
La calle solitaria y oscura del sector del Hotel Nicaragua, en las inmediaciones del Mercado Oriental, fue escenario la madrugada de ayer, del escalofriante asesinato de Carlos Antonio Cáceres Alvarado “La Vaca”, a quien un grupo de presuntos asaltantes que eran sus “amigos”, le vaciaron las vísceras al pasconearle el abdomen y el pecho de 18 puñaladas, y casi le desprenden la mano de un machetazo.
Según agentes de la Policía, el motivo del crimen de Cáceres Alvarado fue la disputa por “una raja”, es decir, por la distribución del botín que él y otros tipos habían obtenido en un asalto en el Oriental, por lo que sus compinches decidieron “echarle la vaca” con puñales y machetes, para quedarse con la parte que le correspondía.
TRES SOSPECHOSOS
Los presuntos autores del asesinato son conocidos como “El Negro Blas”, “El Negro Gerald” y “Cacaroto”, quienes supuestamente se encuentran escondidos dentro de los innumerables recovecos del Oriental, donde ayer eran buscados por una docena de agentes de la División Cuatro de la Policía.
La joven Kenia María Rivera, dueña de la casa donde murió Cáceres Alvarado, dijo que una vecina le levantó la chaqueta que llevaba puesta y notó que “La Vaca” tenía las vísceras de fuera. El muchacho era oriundo de León, pero había escogido los bajos mundos del Oriental para sobrevivir.
Dos amigos de la víctima que no quisieron identificarse, dijeron que “Cacaroto”, “El Negro Blas”, “El Negro Gerald” y otros que no recuerda, le habían dado la primera puñalada a “La Vaca” cuando discutían por la repartición del botín frente al hotel, y que después “lo despedazaron al darle alcance”.
El cuerpo de “La Vaca” se encontraba hasta la tarde de ayer en la morgue del Instituto de Medicina Legal, a la espera de que llegara algún familiar a retirarlo.
DANTESCO
Cuando los vecinos abrieron sus puertas, sólo vieron a un grupo de cuatro o cinco hombres que huían, mientras que el cuerpo de Carlos Antonio Cáceres Alvarado había quedado tendido en la acera de la casa, bañado en sangre, y con las vísceras de fuera.
GRITOS, CARRERAS, GOLPES, SILENCIO
– Aunque en la Policía se negaron a dar información completa del asesinato, vecinos del sitio donde ocurrió el crimen dijeron que “La Vaca” fue derribado en la puerta de la casa donde le daban posada, de un machetazo que le hizo “Cacaroto”, que casi le desprende la mano izquierda.
– Los vecinos escucharon primero una carrera de hombres que perseguían a alguien, a quien le advertían que iba a ser asesinado, mientras que aquel huía pidiendo auxilio, diciendo que corría herido de muerte e implorando que le abrieran las puertas de alguna casa para escapar.
– Los vecinos dijeron que los hombres le gritaban a otro que casi le daba alcance a “La Vaca”: “¡Apeátelo de un machetazo!”, y seguidamente el grito de dolor de la víctima que imploraba: “¡Soy Carlos Antonio! ¡Abran la puerta!”
– Después sólo escucharon cuando Carlos Antonio cayó, y luego sus gritos desgarradores, cuando sus asesinos lo estaban apuñalando propiamente a orillas de la casa donde se alojaba, casi contiguo a la iglesia evangélica “Pentecostal Unidad Nicaragua”, en el Barrio 19 de Julio, del Hotel Nicaragua media cuadra arriba.