Adrián Ibarra M.
El sistema de contratación de un abogado, que históricamente ha predominado en Nicaragua, ha sido por caso y por comisión. Me concentraré en el que los honorarios no se pueden establecer por comisión. Usted busca un abogado, y le expone su caso; luego le pregunta, ¿Cuánto vale y cuánto tarda?
Los abogados en Nicaragua debemos aprovechar la globalización y ajustar nuestra forma de cobrar honorarios. Propongo establecer un sistema de contratación de servicios jurídicos por hora.
Me siento a redactar un escrito y pongo el reloj en marcha; iniciaré una diligencia judicial o extrajudicial, y pongo el reloj en marcha. Estoy en la puerta del judicial, en el escritorio del secretario o en la oficina de un funcionario, y pongo el reloj en marcha. Por supuesto, al concluir, si ya no continuaré con el mismo cliente, suspendo el reloj.
Mi propuesta trae consigo un sistema de informe semanal a los clientes; una pequeña tabla que contiene: Fecha, hora de inicio y final, diligencia y observaciones. En esa tabla se describiría minuto a minuto las actuaciones en el o los casos. ¿A qué dueño de litigio o cliente no le gustaría estar informado semanalmente y minuto a minuto de su caso o casos? Por otro lado, ¿a qué abogado no le gustaría recibir la cancelación de sus honorarios cada semana o cada quince días?
Por supuesto, las responsabilidades profesionales del abogado son las mismas, pero aún más controladas; además que los clientes no andarían detrás del abogado, y los abogados no cargaríamos con la desgracia de la retardación de justicia.
Debo confesar que en mi escritorio aún están algunos casos que no se resuelven; si éstos hubiesen sido contratados por hora, téngalo por seguro que ya estuvieran resueltos. Es decir, que si un cliente me recomienda un caso, y mis honorarios dependen de las horas que dedique al mismo, sería inútil pensar que existirían clientes con casos pendientes de hasta dos o más años.
Aquí viene otra ventaja del cliente: Si obtiene un informe semanal o quincenal con detalles de los avances de su caso, es lógico pensar que el mismo cliente decidirá cuándo parar las gestiones o continuar; también podría decidir el ritmo de los avances del caso.
Aunque es incómodo para los juristas este sitema por el grado de organización que debe alcanzarse y por el riguroso control que pueden ejercer los clientes sobre sus casos, creo que esta forma de cobrar los honorarios nos alejaría de aquella reputación de cuatreros. Cuando la sociedad jurídica y todos en general vayamos comprendiendo que es la mejor forma de servir, el punto estará en el valor por hora que cada abogado establezca.
* El autor es jurista.