Mario Alfaro Alvarado
“Hacia un proyecto de nación” se titula el último libro del Dr. Alejandro Serrano Caldera. Reúne, como dice su carátula, una década de pensamiento político. Es un esfuerzo más de este filósofo y pensador político, para ofrecer en las brumas de la incertidumbre que envuelve a la opinión nacional, una pequeña luz guiadora de la razón y la voluntad hacia una propuesta calificada para salvar el futuro de Nicaragua, después de haber perdido el pasado.
Cuando el autor pregunta: ¿Es posible construir la Nación donde existen intereses de grupos y de clases? Y a continuación se responde a sí mismo: Sin duda. Entonces nos ofrece dos visiones, una frente a la otra: la visión de la vida cotidiana y otra inversa, como la que se refleja en un espejo. Es decir, el derecho y el revés de lo acontecido y lo por acontecer, donde lo uno es nugatorio (engañoso) y lo otro, por ser contrario será recompensante.
Presenta el autor una disyuntiva angustiante: La regresión de un ciclo histórico en términos de la razón y de la voluntad para conquistar el futuro.
De este lado del espejo tenemos un signo de fracasos, frustraciones populares, ineptitud gubernamental, corrupción y estancamiento económico y social: La vuelta al poder de los conservadores, que recrearon los abusos y errores de Zelaya; el retorno del liberalismo que fue en el somocismo, una versión mejorada del esquema dictatorial y continuista del zelayismo; y la aparición del sandinismo, acogido en un principio como una esperanza redentora y transformada en fracaso cuando trató de imponer el programa que Castro impuso en Cuba con el paredón y la cárcel.
Del otro lado del espejo está el proyecto de Estado-Nación, producto del pensamiento de las personas jóvenes consultadas por el Grupo de Reflexión y Participación Ciudadana. No se necesita ser Alicia y transportarse por encantamiento al otro lado del espejo; basta adoptar la imagen que se refleja al revés, de lo acontecido durante todo el siglo pasado.
Esa disyuntiva es más angustiosa para las nuevas generaciones, que deben escoger entre los roles que les impone el actual establecimiento o hacer propia una propuesta para el cambio y trabajar con ella hasta obtener resultados prometedores.
En apariencia el planteamiento es muy simple. Consiste en fijar con recto criterio los contenidos básicos de la realidad nacional y luego diseñar un plan de acción estratégica que impugne los errores y abusos del pasado para corregirlos.
El reto de la globalización no es para oponer una defensa de posiciones cerradas, sino abrirse hacia un ámbito ilimitado que tiene cabida para todas las expresiones culturales y aspiraciones singulares de cada nacionalidad. Es un sumarse a un movimiento incluyente e inevitable, que abarca la esfera terrestre sin límites de espacio ni de tiempo para obtener beneficios al socaire (abrigo) de su impulso vigoroso.
Hay que confiar en el hombre que puede abordar la rectificación del curso histórico de este país. Esa persona es lo contrario de los dictadores y aprendices de dictadores que llegaron al poder en el pasado. Es la persona que merece la confianza de la población, para emprender la marcha hacia el cambio que ha de salvar a Nicaragua y a los nicaragüenses. Es la persona que consolidará la democracia y con la democracia habrá libertad garantizada y prosperidad económica.
Dice Goran Taerborn: “Las ideologías no sólo someten a la gente a un orden dado. También la capacitan para una acción social, incluso para acciones orientadas a un cambio gradual o revolucionario”.
Lamentablemente para Nicaragua después de la caída del muro de Berlín y la Perestroika, sólo queda en pie una ideología, la más persistente, la más difícil de sustituir por otra más racional y humana. Cuando el marxismo ha invadido un cerebro, su poderoso materialismo se apodera de las neuronas. Los marxistas no desisten, ya fracasaron al usar la vía revolucionaria para imponer su discurso extremista y ahora quieren experimentar de nuevo por la vía del cambio gradual, como apunta Goran Taerborn.
* E autor es periodista.