Cornelio [email protected]
No me recibí en Harvard como economista. Soy sólo un simple profesional en Informática. Pero por mi oficio sé que 1 más 2 son 3 y no 4, y por eso es que también me atrevo a aplicar las reglas de la razón basadas en cifras al campo económico, donde no soy especialista.
Primero: Nicaragua importa a razón de 3 por 1, es decir que, por cada dólar de exportaciones importamos bienes y servicios por 3 dólares. Salvo que comencemos a falsificar mil millones de dólares por año, necesitamos que los 2 dólares faltantes nos lleguen de alguna otra fuente, es decir, que alguien nos preste o regale la plata faltante. Es obvio entonces, que la deuda externa del país se incremente cada año por el nuevo monto prestado más los intereses de lo ya prestado.
Segundo: Las actividades económicas actuales de Nicaragua dependen al menos al 60% de fondos externos, es decir de proyectos de cooperación en sus más diversas formas, de remesas familiares y de proyectos de inversión privada, monto último —unos 100 millones al año como máximo— que resulta pequeño comparado con las primeras dos fuentes, y menos que insuficiente, para sustituirlas. Estos fondos se convierten a lo interno en salarios, otras formas de ingresos y al final en compras y ahorro interno privado. Los rubros de producción para la exportación se encuentran en caída libre, donde los rubros no tradicionales e ingresos en concepto de turismo no han logrado compensar esta caída.
Tercero: Resulta lógico, pues, asumir que el nivel de reservas brutas, netas y netas ajustadas dependen en su dinámica en primera instancia de flujos externos a la economía nicaragüense y no del comportamiento interno de la misma. De hecho nuestro Greenspan local nos explica a menudo, que uno u otro bajón tienen su causa en el retraso del desembolso de algún fondo de cooperación. Queda clarísimo entonces, que mientras los parámetros no se cambien —es decir, o exportamos más o importamos menos—, esto va a seguir así.
Cuarto: No obstante que 1+2=3, en estas últimas semanas intentan algunos hacernos creer, que 1 más 2 son 4. Según lo filtrado de las conversaciones entre el FMI y el Gobierno, nuestras reservas en divisas dependen de la venta de Enel y Enitel más las transferencias netas del Gobierno al Banco Central. No pongo en duda que en la contabilidad del BCN cifras más altas luzcan más bonitas que las cifras bajas de ahora. Por tanto, se puede transferir en operaciones de cosmética contable fondos de un lado al otro, como cuando la banca privada es obligada a transferir parte sustancial de sus propios fondos de reserva al BCN bajo conceptos diversos, desde encaje legal hasta CENIS. La concentración de fondos líquidos del Gobierno Central y de los entes autónomos —entre otros por medio de cuentas únicas— en el BCN también mejoró cifras. Pero estas operaciones para embellecer los cuadros del BCN no cambiarán ni en un centavo la contabilidad consolidada de la nación: Estamos más quebrados que nunca durante los últimos 8 años.
Los que me quieren convencer de que 1 más 2 son 4 —desde los matadores locales como Ramírez y Duque Estrada, hasta los especialistas sin rostro ni nombre del FMI y BM— son todos, supuestamente, economistas graduados en universidades de prestigio. Me pregunto entonces, ¿por qué se nos presenta una simple cosmética contable como una operación mayor? Sospecho que les falta valentía personal y profesional para aceptar en público lo obvio: Que 8 años de Políticas de Ajuste Estructural han fallado al no lograr cambiar la dinámica entre exportaciones e importaciones y al no lograr cambiar de fondo la dinámica entre ingresos y egresos del sector público. En ambos casos las primeras crecen —cuando crecen— más lentas y menos estables que las segundas. Me consuela un poco que un peso pesado como Joseph Stieglitz —catedrático de Standford en Economía y ex-vicepresidente del Banco Mundial— piense como yo, reclamando nosotros dos una redefinición de fondo, honesta y sincera de las políticas de transición y desarrollo.
* El autor es Profesional en Informática.