Gustavo Ortega [email protected]
En la Pequeña Habana, barrio habitado en su mayoría por nicaragüenses, se encuentra el minimercado “El Gallito”, propiedad de un matrimonio nica originario de Rivas.
Danilo Rodríguez y Felicidad, su esposa, atienden a sus clientes desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche. Estar dentro del local, que se percibe reducido por la gran variedad de productos, es como estar en una mezcla de supermercado y pulpería en Nicaragua.
Achiote, clavo de olor, cofal, zepol, tortillas apiladas y bien guardadas para que permanezcan “calientitas”, cuajadas, queso, cajetas, en fin la oferta de productos nicaragüenses es sorprendente.
Danilo tiene siete años en Miami, llegó con visa de turista y se quedó para apoyar a Felicidad, enfermera de profesión, quien lleva 16 años en Estados Unidos, junto a sus dos hijos mayores. “Ellos entraron con la amnistía del gobierno de Reagan, nos venimos de Nicaragua porque sentimos que la situación estaba muy dura para los niños”, dijo.
El se dedica a abastecer la tienda todo el día, “la corredera es permanente porque no podemos dejar sin productos a los clientes”, indicó durante un breve impasse que dedicó para atender la entrevista.
Originalmente “El Gallito” era de propietarios cubanos, pero debido a problemas financieros hipotecaron el local y se declararon en banca rota. Es así que los Rodríguez iniciaron sus negocios.
La tienda atiende principalmente a centroamericanos, “lo que me ha dado la oportunidad de conocer los distintos nombres de un mismo producto, pues a veces cambia de país en país”, comenta Felicidad, dedicada a atender la caja.
La tienda moviliza unos 15,000 dólares semanales y ha sido la garantía para que la familia logre ingresos superiores a los 120,000 dólares anuales, indica Danilo, Licenciado en Relaciones Industriales.
Hoy en día los Rodríguez, originarios de Tola, ya gozan de los réditos de las inversiones logradas, son propietarios de dos edificios de apartamentos, los cuales rentan desde hace varios meses.
“Lavamos hasta platos y ahora hemos avanzado mucho y esperamos que nos vaya mejor, nuestros hijos van hacia delante, también con muchos esfuerzos, pero nos sentimos dichosos de observar los logros que hemos alcanzado”, señala Danilo quien tuvo que interrumpir la entrevista por las mismas características del negocio.
EL TIO SAM…
Entre la comunidad nica de Miami es común observar el rigor y disciplina con el que abocan el pago de impuestos, los que relacionan directamente al “Tío Sam”, figura alusiva al poder económico de los Estados Unidos. “Aquí hay que pagar los impuesto a tiempo, hay que reportarlos pues si no lo haces hay una penalidad y puedes ir a la cárcel, el Tío Sam siempre está pendiente”, indicó Roberto Mendoza, nica radicadohace tres años en Miami quien se dedica al negocio de la tapicería.