Rebelión en las cunas

Como adolescente, en algunas ocasiones pudiera parecerte que tus padres te tienen bajo un control militar que te ahoga. Parece que cuando dices “Quiero…”, la respuesta es, “¡No, no y no!”. Y nada en tu caminar parece esconderse de los ojos fiscalizadores de tus padres. Ese interés por protegerte se vuelve cada vez más sofocante […]

Como adolescente, en algunas ocasiones pudiera parecerte que tus padres te tienen bajo un control militar que te ahoga. Parece que cuando dices “Quiero…”, la respuesta es, “¡No, no y no!”. Y nada en tu caminar parece esconderse de los ojos fiscalizadores de tus padres.

Ese interés por protegerte se vuelve cada vez más sofocante y poderoso para ti y precisamente todos los padres están empeñados en cumplirlo, como lo hacen los padres de Evert Emmanuel Alemán, un joven de 14 años. Vive junto a sus padres en el barrio El Edén.

Evert crece rápido. Tanto así, que piensa tomar por su cuenta las riendas de sus actos. Las novias, la moda, la música y las fiestas divagan en su mente como delicia inevitable y quiere hacerlo a su manera, pero cuando la palabra “NO”, resuena en sus oídos, Evert estalla en cólera y su acto de rebeldía lo expresa en un profundo silencio y decide no dirigir la palabra a sus padres en dos días.

Esta actitud es preocupante ante los ojos de don Uriel Alemán y doña Beatriz Medrano, padres de Evert, pues aseguran que el tener un hijo en la etapa de la adolescencia es difícil, sobre todo cuando el joven toma conductas de rebeldía ante las reglas y condiciones que le piden sus padres.

Don Uriel dice: “Cuando entran en esa etapa, hemos podido observar que ya no quieren hacer caso. Quieren hacer todo por su cuenta. Te tratan de viejo loco, y es más, ya hasta quieren hacer su vida por cuenta propia”.

Y como padre, don Uriel tiene aún la idea de que su hijo es un pequeño. “Uno quisiera dominarlo y verlo siempre como su hijo chiquito. No quisiera que cambiara nunca”, dice nostálgico.

Sin embargo, doña Beatriz opina que la educación, la confianza y comprensión de los padres es muy determinante en la actitud que luego puedan tomar los hijos. “Creo que sus actitudes cambian por los malos tratos que a veces uno les da, en las cosas que uno les dice que no hagan y ellos quieren hacer”.

Pero, ¿acaso sólo los padres tienen que ver en esto?, por supuesto que sí, pues la mayor preocupación de casi todos los padres está enfocada en las amistades que puedan tener sus hijos.

Y precisamente éste es el mayor dolor de cabeza de los padres de Evert, porque temen que las amistades de su hijo lo “corrompan” y puedan apresurar la inquietud del muchacho de querer conocer el mundo, pero de una manera negativa.

Sus padres aseguran que el joven tiene amistades del cuarto año aunque actualmente cursa el segundo año. “Son jóvenes de más edad. Yo creo que ellos ya tienen mayor libertad y tienden a inducir a los más pequeños a hacer lo que ellos hacen; como tomar licor, fumar, tomar drogas, y hasta que pruebe mujer antes de tiempo”, expresa doña Beatriz, con mucha preocupación.

“Evert es muy confiado y ése es mi temor, que él no lleva malicia. Ve que todo es bueno, toda amistad es sincera para él. Pero le digo que se cuide mucho, porque hay amistades que son maliciosas, que lo pueden conducir a un vicio o hacia alguna vagancia”, afirma su madre.

Padre y amigo

La confianza entre los padres y los hijos en la etapa de la adolescencia, dependerá mucho del grado de amistad que éstos le otorguen, señala doña Beatriz. “He aprendido a ser madre y amiga al mismo tiempo. Eso incluye mucho a su padre, y yo le digo que él no es amigo con su hijo, porque es muy severo con él. Pienso que eso puede llevar a que Evert tome conductas de rebeldía. Cuando le otorgo permiso para ir a una fiesta mi esposo me dice que soy muy alcahueta y la verdad no lo considero así, creo que más bien trato de comprenderlo”.

Y la verdad es que doña Beatriz teme que el tenerlo muy encerrado y no dejar que de vez en cuando su hijo se divierta, puede llevarlo a tomar la decisión de irse por malos caminos de droga o cualquier otro vicio que lo haga perder el respeto ante la autoridad de sus padres.

“Eso sí, cuando no le damos permiso, se molesta mucho y nos amenaza con dejar de estudiar y salir mal en las clases. Peor aún, dice que dejará el año”, añade la madre.

Por su parte don Uriel, piensa que privarle en algunas ocasiones las salidas, amistades y hasta cierta manera de vestir, podría ser de mucho bien a su hijo, pues una vez quiso vestirse tipo “cholo” y usar “chapita”, pero su papá le aconsejó que no lo hiciera.

Entre molestias y a regañadientes, Evert hasta el momento ha comprendido que cuando sus padres le quitan algunas libertades, lo que desean es librarle de molestias en la vida.

Y entretanto, Evert crece, se prepara para el futuro con estudios de música e inglés, y evita de alguna manera tomar actos de rebeldía ante las reglas que sus padres imponen.

Por qué esta actitud

Las actitudes de rebeldía de algunos adolescentes hacia los padres es porque durante esta etapa inician la transición de niño a adulto, explica Grace Bendaña, psicóloga general. Se es un “poco adulto” sin dejar de ser “un poco niño”. Cuenta aún con rasgos de la infancia y la pubertad, pero ya tienen asumidas bastantes características del adulto, que aún no es, por lo que constituye un período lleno de ambigüedades y contradicciones.

Esas contradicciones entre los padres e hijos, se debe a que el adolescente en ese momento experimenta una etapa de “crisis de identidad”, debido a los cambios internos que la persona experimenta en esta etapa, agravados por los cambios sociales de una sociedad que cada día avanza con mayor rapidez.

Amistades peligrosas

La psicóloga recalca que debido a esos cambios, el adolescente se interesa en conocer más de su alrededor y su interioridad. “El adolescente se interesa por comprender su intimidad, llegando a experimentar estados de soledad y tristeza en la búsqueda de sí mismo”, asegura.

Por otra parte, busca independencia de los padres y mayores, dice la psicóloga. “Le cuesta aceptar la autoridad, las normas y los valores de éstos, adoptando actitudes de negativismo y rebeldía, intentando oponerse a todo lo que se dice, queriendo resolver las situaciones a su manera”. De esta forma se abre en mayor o menor medida y profundidad, una brecha entre padres e hijos.

Algo muy importante que ocurre en el adolescente, afirma la especialista, es que las relaciones sociales se profundizan, las amistades se hacen más selectivas, escogiendo un grupo para compartir actividades, diversiones, intimidades y sentimientos. Sólo que en este momento, es cuando el joven corre el peligro de encontrarse enredado en amistades peligrosas que lo pueden inducir por malas veredas.

Por sus características, Bendaña recomienda principalmente a los padres un mayor esfuerzo en cuanto a la educación de sus hijos, lo cual “será un buen momento para profesionalizar su misión como padres. Las situaciones de la vida presentadas en esta etapa, van a ser vivencias en cada adolescente de forma distinta, dependiendo tanto de las diferencias individuales como de las relaciones en el seno de cada familia”.

Desde el punto de vista de la especialista, uno de los principales problemas que atraviesan los niños, adolescentes y jóvenes, es la falta de tiempo y atención por parte de los padres. Esto conlleva a llenar vacíos de forma no constructiva y peligrosa.

“Es necesario conocer a fondo a los hijos y esto es posible a través del tiempo que se les dedica y de la comunicación que se tenga con ellos. En el caso de padres y madres que trabajan, se hace muy difícil, sin embargo se debe recordar que no es la cantidad de tiempo sino la calidad del mismo lo que verdaderamente cuenta”, recomienda Bendaña.

Pero la base de toda formación de la conducta se basa en aquellos valores que padres y mayores practiquen y ofrezcan a los jóvenes adolescentes. “Los adolescentes necesitan amor, seguridad, aceptación, respeto, firmeza y consistencia; saber que cuentan con su familia que se interesan por ellos. Conviene estimularles a tener metas, aspiraciones, planes de vida, enseñarles que los problemas ayudan a adquirir fortaleza, madurez y crecimiento; motivarles para que adquieran el hábito de lectura constructiva y edificante; practicar deportes y actividades recreativas sanas”, sugiere la psicóloga.

Según Bendaña, desde las primeras etapas de vida se les debe inculcar valores y principios morales, los cuales les servirán de norte y guía en sus vidas, ya que es desde el seno de la familia que el niño, el adolescente, el joven y posteriormente el adulto adquirieren esos valores, y son los padres los responsables de enseñarlos a sus hijos. De esta manera estarán previniendo actitudes negativas en los adolescentes, sobre todo conductas de rebeldía.

“ El ambiente donde el niño se desarrolla es sumamente importante, porque la influencia que tiene la familia y que tiene la sociedad, ya sea los amigos, los parientes cercanos y los vecinos, es determinante para que ellos vayan estableciendo los modelos a seguir, con los cuales se identifican”, afirma.

“Si hay ejemplos negativos, ellos van a fomentar más la rebeldía. Si no hay unión, si no hay comprensión, si hay maltrato entre los padres, entre los hermanos, entre los seres más cercanos, la crisis de identidad es más fuerte, porque no logra a encontrar un modelo a seguir. Quizás los mensaje que les dan son contradictorios; tales como: no bebás, no fumés, pero le dan para que vaya a la venta a comprarles las cervezas, los cigarros”, explicó la especialista.

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