María Alejandra tiene 16 años y cursa actualmente el tercer año de secundaria en el Colegio Loyola. A su edad ya no se siente una niña, sino una adolescente con más responsabilidades. “Soy más responsable, sé lo que tengo que hacer, sé que tengo que luchar por cumplir mis metas y seguir los ideales para obtener mi carrera”.
Piensa que al no ser más unos niños, sus padres ya no pueden dominarlos. “Si a nosotros nos gusta algo, ya tenemos la libertad de decírselos. Sentimos la confianza de decirles ‘mira esto ya no me gusta, ya no soy una niña quiero que me dé más libertad para expresarme’”.
Cuando sus padres se encierran en el no rotundo ante lo que quiere hacer, María Alejandra asegura ponerse muy rebelde, lo que expresa mediante el enojo, sin embargo al final comprende que obedecer a sus padres es la mejor manera de ser mejores hijos.
Carlos Quiroz estudiante de tercer año del colegio Cristo Rey: “Ahora que tengo 14 años me siento muy diferente, porque a medida que uno va creciendo, las responsabilidades son más grandes para el adolescente. Ahora tengo que cargar con un peso de responsabilidad sobre mí mismo y sobre las cosas que hago. Ya no soy un niño, yo sé lo que estoy haciendo”.
Pero piensa que las reglas en su casa las pone su mamá y que las debe obedecer, aunque muchas veces se sienta bajo circunstancias desagradables, piensa que le quitan su libertad.
Cree que los padres en cierta forma deben ser flexibles con las restricciones y comprender que los hijos crecen y se merecen un poco de respeto y tomar su propias decisiones. “No deben quitarnos la capacidad de decidir. Simplemente queremos sentir que ya no somos niños, sino que estamos creciendo”.
José Javier Montiel, de 15 años y estudiante del Colegio Cristo Rey, dice ya no sentirse un niño, que sus ideales han cambiado, “creo que ya soy un joven maduro, capaz de resolver mis propios problemas”.
Le gusta respetar las órdenes de sus padres, a pesar de que le cueste de vez en cuando aceptar la limitaciones para salir a divertirse con sus amigos. Sin embargo no niega que a veces rechaza los mandatos de sus padres y se encierra en su cuarto, para mientras pasa el mal momento.