A corazón abierto

Alejandro J. Ayón L.

Mañana sábado regresa al país un grupo de médicos, enfermeras y técnicos norteamericanos que han venido durante 4 años consecutivos a traer esperanza y salud a los niños portadores de malformaciones congénitas cardíacas y a sus familias. Dicho grupo está a cargo de mi queridísimo amigo y colega Gregory Stidhman, Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Le Bonneheure, de Memphis, Tennessee. En cada viaje operan en conjunto con nuestros cirujanos cardio-vasculares alrededor de 15 pacientes, los cuales son seleccionados cuidadosamente por el equipo de cardiología y cardiocirugía del Hospital de Niños (antiguamente La Mascota). A estos niños después de someterlos a ultrasonido cardíaco, se le realizan angiografía en el Centro Cardiológico del Hospital “Roberto Calderón” para conocer su malformación en forma adecuada y saber si se puede corregir o no. El propósito de estos norteamericanos y del grupo de nicaragüenses es a corto plazo iniciar la cirugía a corazón abierto en nuestro país.

Queriendo revivir la historia sobre los inicios de la cirugía cardiovascular en Nicaragua, mis amigos y colegas el Dr. Enrique Alvarado Abaunza y el Dr. Heberto Vanegas Cruz, ambos experimentados cirujanos pediatras me relataban que los primeros esfuerzos para realizar cirugía a corazón abierto se deben al eminente médico cirujano cardiovascular, el Dr. Henry Debayle, hijo del Dr. Luis H. Debayle; esto fue en los inicios de los años 60 del siglo pasado; realizaban cirugías a corazón abierto en perros con una bomba extracorpórea rudimentaria, no logrando concretar éstas en humanos. El otro eminente cirujano cardiovascular que realizó las primeras cirugías a corazón abierto fue el Dr. José Luis Argüello Belanger en el Hospital El Retiro de Managua; en pacientes con problemas de la válvula mitral, en los que realizó comisurotomía mitral, abriendo un pequeño orificio en el corazón y con el dedo ampliando la estrechez de esa válvula, los resultados fueron exitosos. Estos avances quizás los más tempranos en América Central se detuvieron durante los años 80 en los que se dio un gran retroceso en la medicina y sus avances científicos, debido a las condiciones críticas en que operaron los centros hospitalarios en cuanto a desabastecimiento, medicinas, material, equipamientos y personal se refiere, y a la visión corta y limitada de las autoridades de esa época, quienes se orientaban más por la medicina del bloque socialista que claramente ha quedado relegada comparándola con los grandes avances de los Estado Unidos (considerados en ese tiempo enemigos de la humanidad).

Después de esa época de retroceso en la medicina, desde 1990 se ha venido observando grandes esfuerzos para lograr avances que permitan ubicarnos de nuevo en una posición privilegiada al menos en Centroamérica. Estoy convencido de que con el apoyo de estos grupos de brigadas medico-quirúrgicas como los de Memphis, aunado al esfuerzo de la sociedad civil y la empresa privada, bajo la dirección y supervisión del Ministerio de Salud lograremos a pesar de las grandes limitaciones avances en el área médica.

Sirvan estas palabras para reflexionar sobre las obligaciones de la sociedad civil y la empresa privada en estas tareas, las cuales no son deberes únicos del Estado, sobre todo cuando buscamos tener Estados reducidos, eficientes y austeros, donde el desarrollo tecnológico con libertad, justicia social y democracia prevalezcan.

* El autor es Cirujano Pediatra.  

Editorial
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