La destitución de “Tuto”

Poco tiempo después de que el ingeniero José Augusto Navarro fuera nombrado como Ministro Agropecuario y Forestal en octubre del año pasado, se convirtió en un elemento irritante dentro de la administración del Presidente Alemán. De hecho, no fueron pocas las personas que, conociendo la recia personalidad del ingeniero Navarro, se mostraron sorprendidas por su nombramiento, que ocurrió cuando ya la actual administración había sido objeto de fuertes críticas por parte de los productores del sector agropecuario.

Y es quizás por esa misma razón que el nombramiento de Navarro —conocido desde niño como “Tuto”— fue recibido con beneplácito por los integrantes de ese sector, del cual, él mismo es un destacado miembro, habiendo sido hasta antes de su nombramiento, presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic). Su intempestiva destitución, ocurrida el martes pasado, fue recibida por algunos como una simple crónica de una muerte anunciada, ya que las posiciones de austeridad que “Tuto” tomó en cuanto a salarios, dietas, tarjetas de crédito, uso de vehículos, etcétera, introdujeron un elemento discordante en el consabido estilo despilfarrador de la actual administración.

Para muchos, entonces, no se trataba de saber si el ministro Navarro sería destituido o no de su cargo, sino sólo de saber cuándo ocurriría la inevitable separación. Algunos creyeron, incluso, que el Presidente Alemán lo despediría inmediatamente después de que en una reunión con productores del norte ocurrida en Jinotega a principios de marzo, Navarro se pronunció enérgicamente contra los abultados salarios de los funcionarios públicos de alto nivel. En esa oportunidad, también hizo una fuerte crítica al pacto libero-sandinista, señalando que la burocratización institucional resultante del mismo, absorbe innecesaria e improductivamente una gran cantidad de recursos adicionales del erario público.

Pero también para otros, el despido de Navarro a estas alturas, cuando faltan solamente cuatro meses y medio para las elecciones generales de noviembre, no tiene mayor sentido, ni desde un punto de vista técnico, ni desde un punto de vista político. A partir del primero de julio, “Tuto” Navarro será sustituido por el ingeniero Genaro Muñiz, actual Director General del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA). El Ingeniero Muñiz se convertirá así en el quinto titular de la cartera agropecuaria en menos de 5 años. (Otros ministros han sido: El Dr. Mario De Franco, el ingeniero Jaime Cuadra Somarriba, y el ingeniero José Marenco Cardenal, actual ministro de Gobernación). Independientemente de las calificaciones técnicas del nuevo ministro, es prácticamente imposible que en tan corto tiempo pueda él hacer alguna diferencia en la conducción del Ministerio. Se conoce que el ingeniero Navarro estaba gestionando recursos hasta por seis millones de dólares con la embajada estadounidense para la compra de insumos para los pequeños productores. Esperemos que su despido no afecte dicha negociación.

Y desde el punto de vista político, el momento no podía ser menos oportuno. Cuando una administración pública que ha sido sacudida por sonados y repetidos actos de corrupción se deshace de un ministro que la opinión pública percibe como eficiente y honesto, hace inevitable que la población interprete el despido como una prueba de que las características de honestidad y eficiencia no son bien vistas en ella.

El ministro Navarro ha dicho que desconoce las razones de su destitución. Declaró también que se incorporará de lleno a apoyar la candidatura presidencial del ingeniero Enrique Bolaños, y que éste, al conocer de su destitución, lo llamó sorprendido desde el Lejano Oriente, donde actualmente se encuentra de viaje.

El 13 de marzo del presente año, LA PRENSA calificó al Ingeniero Navarro como un ministro ejemplar, y en esta oportunidad reitera esa opinión y lo que en esa misma fecha expresó editorialmente: “Cuando ministros como Augusto Navarro sean la regla y no la excepción, o sea, cuando la función pública se confíe a personas íntegras y con habilidades y conocimientos técnicos adecuados para desempeñarla con eficiencia; y cuando se deje de nombrar los altos cargos como premio a la militancia partidista, al compadrazgo y a las amistades familiares y personales, entonces sí se podrá decir que Nicaragua ha vuelto a ser República”.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí