Róger A. Cerda*
En Estados Unidos sin el Gobierno no habría agricultura. Los agricultores reciben crédito subsidiado con fondos federales. Todos los agricultores tienen un precio garantizado por cualquier cosa que produzcan. Además, cuando la sequía, el agua o la nieve hacen daño, el Gobierno les reembolsa todos los gastos que hayan hecho para recuperar los pastos o los cultivos a su estado original.
En el Gobierno del Estado de Massachusetts, hay un Departamento Económico, y ahí se han producido premios Nobel de Economía y tienen a Harvard y el MIT, centros en los que enseñan algunos de los mejores economistas del mundo. Este es un Estado con poca agricultura, donde predominan las industrias de alta tecnología.
Aquí, el Estado posee empresas y casi todas dan pérdidas. Las empresas del Estado, que manejan los numerosos aeropuertos, puertos, cañerías, ferrocarriles, y el metro, pierden. Pero son subsidiadas porque existe ahí el criterio que ofrecen servicios públicos que provocan muchos efectos económicos y sociales benéficos.
¿Qué importa que den pérdidas contables, si son servicios públicos? Nadie habla de privatizarlas o darlas en concesión.
El sector privado empresarial y las autoridades de Estados Unidos explican que existen actividades que generan externalidades, es decir, que sus costos y beneficios privados difieren de sus costos y beneficios para la sociedad. Por eso, se considera normal que el Gobierno, en sus niveles federal, estatal y municipal, esté directamente involucrado en el desarrollo tecnológico, la investigación de mercados, el financiamiento, las garantías crediticias y la promoción de las pequeñas y las medianas empresas.
Asimismo, la ley obliga a todos los bancos de Estados Unidos a canalizar al menos un 20% de sus préstamos a los sectores más pobres de la sociedad. Las autoridades supervisoras federales o Superintendencia de Bancos, toman en cuenta esta variable a la hora de calificar los bancos.
Sin embargo, algunos personajes del Departamento de Comercio de Estados Unidos, mantienen hacia el exterior un discurso opuesto. Ellos aún se inspiran en el “Consenso de Washington”, que dice que el éxito de los países pobres está determinado por la libertad con que operen las fuerzas del mercado”; que “La globalización hace que cualquier distorsión de los mercados sea dañina”; que “El mercado terminará con la pobreza” y; que “Los países deben producir únicamente aquello en que son competitivos”.
Esta filosofía, no se practica en Estados Unidos, porque promueve la ley del más fuerte y afecta a los pequeños agricultores y empresarios, por lo que la política oficial es una política de subsidio. El Gobierno Federal de Estados Unidos y los gobiernos de sus Estados, subsidian a sus productores.
Con un sector privado subsidiado y el Estado subsidiando y, sin que nadie les reclame, Estados Unidos es el país más libre y en la economía más competitiva y exitosa del planeta.
En Nicaragua, por fundamentalismo, el subsidio al pequeño productor se condena por principio, se adora la ley del más fuerte. Por eso, en nombre del libre mercado y contra nuestra opinión, en 1997 el Gobierno cerró el Banco de Desarrollo.
Nicaragua necesita eliminar de manera urgente, la aplicación de sus políticas económicas más destructivas y; aplicar políticas económicas de crecimiento con equidad.
* Consultor económico y financiero; presidente de RAC International.
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