La nueva versión frentista

León Núñez

En acoyapa, en 1979, no hubo guerra y la “proeza militar” de los sandinistas y concretamente de los “valientes de Carrión” consistió en sacar violentamente de mi casa de habitación a mi esposa y a mis dos hijas, Vilma y Violeta, en ese entonces de cuatro y dos años de edad respectivamente. No las dejaron sacar ni un plato. Se robaron todo, incluyendo trece mil dólares en efectivo y las alhajas de mi esposa.

Mi hija Vilma empecinada en que la dejaran sacar su muñeca preferida fue pateada por una “valiente revolucionaria” que ahora es una adinerada devota de Santa Teresita de Jesús. Mi esposa y mis hijas lograron salvar sus vidas. A otros les fue peor, pues en Acoyapa fueron asesinadas más de cincuenta personas, entre ellas, don Celedonio Morales, suegro del abogado matagalpino doctor Julio Ruiz Quesada.

Ahora se comenta en Managua, principalmente entre los altos dirigentes del orteguismo, que si Daniel Ortega ganara las elecciones los casos como el descrito no volverían a suceder; que ahora las circunstancias han cambiado y que por lo tanto lo que se pondrá en escena es una nueva versión teatral de la revolución: una versión más democrática, más humana.

Pero ¿en qué consiste esa nueva versión?. Yo ni siquiera había pensado en algún ejemplo de la nueva versión de la revolución hasta que me enteré cómo algunos orteguistas chontaleños pretenden perjudicarme si don Daniel gana las próximas elecciones. Entonces comparé lo que me pasó en 1979 —la vieja versión— y lo que los citados orteguistas dicen que me pasará —la nueva versión— el 10 de enero del año 2002.

Según mis fuentes de información, el día que don Daniel tome posesión del cargo de Presidente de la República se van a trasladar a vivir a mi casa de habitación en Acoyapa diez familias descalzas; que como las confiscaciones son cosas del pasado a nadie van a sacar de mi casa; que mi esposa y yo podremos seguir viviendo en ella, pero compartiéndola con los nuevos “huéspedes”, es decir, que de conformidad con la nueva versión teatral de la revolución sandinista el concepto del verbo confiscar va a ser sustituido por el verbo compartir.

En la nueva versión teatral hasta se ha previsto todo lo que puede ocurrir. Se comenta entre algunos orteguistas chontaleños que yo iría a la policía a gestionar el desalojo de mis “huéspedes”, y que la policía se negaría a hacerlo; que me iba a recomendar que acudiera ante el juzgado competente, y que como ningún juez procedería a sacar a mis “huéspedes” sin que hubiera de previo un juicio con una sentencia firme de desalojo, entonces se dice que no me quedaría más alternativa que promover, en busca de justicia, un juicio contra mis “huéspedes”, justicia que podría tardar diez años en llegar, si es que acaso los tribunales llegaran a la conclusión de que mi casa es mía.

En mi caso, el colmo de la nueva versión teatral es que hasta se ha previsto que yo visitaría al Presidente de la República, don Daniel Ortega, para exponerle mi situación y que él, como hombre que cumple con la Constitución y las Leyes, me va a decir que él no puede inmiscuirse en un asunto cuyo conocimiento le compete al Poder Judicial; que él es respetuoso de la independencia de los Poderes del Estado.

Algunos sandinistas de Managua me han dicho que no hiciera caso de esas amenazas; que en Acoyapa algunos orteguistas vivían hablando estupideces, es decir, perjudicando al Frente Sandinista. Yo le contesté que ejemplos de esta “nueva versión” no sólo se daban en Acoyapa sino que en todos los pueblos de Nicaragua, en donde se habla de compartir no sólo casas de habitación sino también fincas.

La realidad es que en las pequeñas poblaciones, en donde suele prevalecer dentro del FSLN el ala colérica del orteguismo, estas amenazas deben tomarse en serio, en primer lugar, porque los odios en los pueblos suelen ser más peligrosos que los odios en las ciudades, y en segundo lugar, porque existen miles de orteguistas que por ser devotos de la Virgen del Reposo acabaron lo que se piñatearon en 1990, y ahora no tienen más esperanza, para continuar alimentando su devoción, que tratar de compartir el fruto del trabajo ajeno.

Al parecer una de las diferencias que existe entre la vieja y la nueva versión frentista está relacionada con la diferencia ideológica que existe entre los verbos confiscar y compartir, diferencia sobre la que tal vez escribamos en otra oportunidad.

* El autor es abogado y escritor.  

Editorial
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