Sergio [email protected]
Una visión, una misión y una mística son el resultado de la certeza de un origen y una identidad específicos. Y aunque válido para toda iniciativa, es especialmente apropiado para las universidades católicas que, en una era de globalización y deshumanización, suponen ser faros que iluminen con sabiduría y prudencia el camino.
Es por eso que merece mucha atención la encíclica “Ex Corde Ecclesiae” (1994), que significa “desde el corazón de la Iglesia”, y que constituye la visión del Santo Padre sobre las universidades católicas, cuya identidad reside precisamente en la Iglesia misma, en su propio corazón, pues de él nacen y a él suponen pertenecer con alegría y fidelidad. “Ex Corde Ecclesiae” es un amplio documento que amerita profundizarse debidamente, pero que en resumen nos presenta a la universidad católica en busca de la verdad en todas las cosas y por todos los medios éticamente válidos, y así enseñarla, promoverla y difundirla, reconociendo que la fuente de la verdad y el origen del conocimiento es Dios mismo, y que entre razón y fe no existe divorcio alguno.
A la luz de esta verdad, las universidades católicas están llamadas a interpretar la realidad de un mundo que se aleja de Dios y afanosamente busca respuestas donde no las hay, y empuja a su paso un desmoronamiento moral al que se le inventan elaboradas justificaciones “humanistas”. De ahí que la genuina misión de una universidad católica sea formar hombres y mujeres adiestrados con rigurosidad y excelencia académica, pero al mismo tiempo poseedores de una aguda conciencia crítica fundamentada en los valores y la fuerza del Evangelio, y así desarrollar la capacidad de trascender lo aparente y transformar el entorno. Un reto extraordinario y posible, reconociendo la sed de verdad en los jóvenes y su imperiosa necesidad de referencias responsables que les permitan interpretar y enfrentar un mundo que gira veloz y sin aparente control.
La visión y el llamado que realiza “Ex Corde Ecclesiae” es diferente y es dirigido a las universidades católicas, porque está precisamente fundamentado en la libertad que confiere una identidad que nace de la total y absoluta fidelidad a Cristo y a la Iglesia, recordando una misión que no está sujeta a negociación ni componendas de ninguna índole. La fidelidad otorga una nueva libertad que misteriosamente se potencia en la fidelidad. Algo que lamentablemente no todos aceptan, quizás porque no la conocen y guardan otros intereses.
La universidad católica debe estimular la libre discusión de ideas, pero entendiendo ésta como la genuina búsqueda de la verdad a través de la razón y el diálogo, sin avergonzarse, mediatizar ni esconder la verdad. Porque la auténtica discusión de ideas no busca estériles complacencias intelectuales, sino que enriquece la mente y el espíritu llamando a reflexión, aportando soluciones concretas a nuestro tiempo, en absoluto respeto al ser humano y su dignidad, y mostrando a Cristo en todas las cosas.
Estoy convencido que no se puede ser universidad auténticamente católica sin abrazar con entusiasmo y sin reservas “Ex Corde Ecclesiae”, que no limita sino que orienta y facilita llevar a cabo su misión, conscientes de su origen e identidad, con una mística que hace posible ser coherentes y efectivos. Esto conlleva a participar integralmente en la misión profética y evangelizadora de la Iglesia.
“Ex Corde Ecclesiae” no acepta dobleces, sino que exige definiciones claras. Ser fieles es abrazar a Cristo y la Iglesia. Y dejarse abrazar por ellos. Nada menos.