El viernes 8 de junio el candidato presidencial del PLC, don Enrique Bolaños, fue al Consejo Supremo Electordel para protestar por la violación al calendario electoral al no haberse inscrito a los candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República en el tiempo legalmente establecido. Y en esa ocasión don Enrique dijo que él, su compañero de fórmula, doctor José Rizo, y los partidos aliados (Camino Cristiano y Resistencia Nicaragüense) no estaban de acuerdo con que se inhiba al doctor José Antonio Alvarado, candidato vicepresidencial del Partido Conservador.
Don Enrique no mencionó al presidente Alemán ni al PLC como opuestos a la inhibiera del Dr. Alvarado y cabe suponer que los omitió porque la inhibición del doctor Alvarado se debe precisamente a un interés político del PLC y más que todo a un capricho del presidente Alemán, cuyas equívocas acciones perjudican a su mismo candidato presidencial.
Anteriormente, en el discurso que pronunció el domingo 3 de junio en el Centro de Convenciones “Olof Palme”, de Managua, y que fue transmitido a todo el país por radio y televisión (incluyendo el Canal 6, del Estado, que es usado por el PLC para sus campañas proselitistas), don Enrique hizo planteamientos que si pudiera cumplirlos sería un presidente completamente distinto —y mucho mejor, por supuesto— que lo que ha sido el doctor Alemán.
“Quien no gobierna para servir, no sirve para gobernar. ¡Yo sí gobernaré para servir!”, aseguró don Enrique y todos entendimos que se refería a que el presidente Alemán no ha gobernado para servir ni ha servido como gobernante. “Practicaré una austera y honesta administración”; “se asignarán los salarios de todos los funcionarios del Estado sobre bases justas, de acuerdo a la importancia de la función y la realidad del país”; “todo el que crea o piense que puede utilizar el servicio público para su propio lucro, no tendrá cabida jamás en mi gobierno”; “daré a conocer públicamente mi Declaración de Probidad”; “trabajaré por y para una nueva ética en la administración pública. Una ética de respeto a la ley. Todos debemos hacer las cosas de acuerdo a reglas claras. Nadie por encima de la ley”, prometió don Enrique, al contrario de lo que ha sido el actual gobierno del que, sin embargo, es su candidato presidencial y fue su vicepresidente durante 4 años.
Pero el problema de don Enrique es que sólo de manera indirecta ha dicho que no se le debe confundir con Alemán: “Yo soy yo y él es él”, dice a menudo. Sin embargo no es con una simple frase que se puede escapar de la mala sombra que proyectan el presidente Alemán y la cúpula del PLC. En realidad, así como en términos generales el hombre es él y sus circunstancias —según la sabia expresión del filósofo español José Ortega y Gasset—, don Enrique, en su calidad de candidato oficialista es él y el PLC; él y el gobierno del que fue corresponsable durante 4 años; él y el pacto de Alemán con Ortega; él y la corrupción gubernamental. Esas son las fatales circunstancias del candidato Enrique Bolaños, de las que no puede sustraerse a menos que expresa y valientemente condene la corrupción y se distancie claramente del presidente Alemán.
Sin dudas que don Enrique es una persona honrada y honesta. Pero la mayor parte de la ciudadanía lo percibe más como asociado al gobierno de Alemán y, por lo tanto, como corresponsable de la corrupción y los abusos gubernamentales. Por eso es que don Enrique está debajo de Daniel Ortega en todas las encuestas —incluso en las de Borge y Asociados, que las solicita y paga el PLC—, y por eso mismo es que en el sondeo que la firma M&R hizo en mayo recién pasado, don Enrique tuvo sólo 27.8% de percepción positiva contra 42.7% negativa, de la que el 19.5% se debe a la corrupción gubernamental.
No hay cómo perderse: Si don Enrique no se distancia de verdad del presidente Alemán y sus adláteres y se compromete públicamente a mantenerlos después lejos del gobierno, es muy difícil que aún con todas sus cualidades personales pudiera ganar la elección presidencial del 4 de noviembre.