“Era imposible no ayudar a los salvadoreños”

Julio López, ex Jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del FSLN, rememora cuando llegó Thomas Enders a plantearles que suspendieran el apoyo al FMLN a cambio de ayuda económica, y se negaron tajantemente Arquímedes Gonzá[email protected] Las contradicciones entre los sandinistas y el gobierno de los Estados Unidos, en la década de los años 80, tienen […]

  • Julio López, ex Jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del FSLN, rememora cuando llegó Thomas Enders a plantearles que suspendieran el apoyo al FMLN a cambio de ayuda económica, y se negaron tajantemente

Arquímedes Gonzá[email protected]

Las contradicciones entre los sandinistas y el gobierno de los Estados Unidos, en la década de los años 80, tienen su raíz en que los norteamericanos querían “mediatizar” el derrocamiento de Anastasio Somoza –con un somocismo sin Somoza– y, posteriormente, por el ascenso del ala más conservadora de la derecha estadounidense, representada por Ronald Reagan, aseguró Julio López Ocampo, quien durante ese período fue director del Departamento de Relaciones Internacionales del Frente Sandinista.

López Ocampo aceptó conceder una entrevista a LA PRENSA para evaluar las relaciones con los Estados Unidos en los 80, tema que lo apasiona, degustando en sus pulmones el humo de dos cigarros –como si tuviera un efecto tranquilizador– y una taza de café para iniciar el día.

¿Cómo comenzaron a desgastarse las relaciones con Estados Unidos?

Lo primero fue el esfuerzo de la Administración norteamericana de mediatizar el proceso en Nicaragua. Después de la ofensiva de octubre en 1977 y después de la insurrección de septiembre, con la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, fue claro para el gobierno norteamericano (la Administración Carter) que los Somoza, que fueron sus gendarmes por casi cuatro décadas, se habían vuelto una carga pesada.

Ellos buscaron una salida, mediatizando el proceso que tenía el potencial de escaparse de las manos. Es cuando vienen los emisarios norteamericanos buscando una mediación. En realidad hubo un proceso negociador entre los sandinistas y la Administración de turno. Pero para ellos lo ideal era un somocismo sin Somoza.

¿Cómo se materializó esta negociación?

Se expresó en la conformación de la Junta de Gobierno, y, por lo tanto, en el reconocimiento de ésta. En la permanencia de algunos cuadros de la Guardia Nacional en la estructura militar, y también que el primer Ministro de Defensa del gobierno era un miembro de la guardia.

A mi juicio, el problema que surgió con Nicaragua fue, primero, el carácter radical que tomó el derrocamiento de la dictadura. Fue el pueblo nicaragüense el que radicalizó el proceso, porque incluso nosotros en julio del 1979 estábamos preparados para una lucha más larga. El desenlace no estaba totalmente claro. Entonces, terminamos en un cambio de gobierno y de sistema. Si el pueblo no se hubiera metido en la lucha, o sea, aquí todos, clase baja, media, alta, intelectuales, empresarios, entonces, no se hubiera podido.

Pero ¿después comenzaron los desacuerdos…?

El proceso de negociación se resolvió con la Administración Carter. En realidad, no hubo problemas dramáticos. El otro problema fue la llegada a Estados Unidos de la corriente fundamentalista de Ronald Reagan, que tenía como propósito operar a nivel mundial un cambio de las políticas económicas que hoy la vemos en la globalización.

Ese papel lo protagonizaron Reagan en Estados Unidos y la (Primera Ministra) Thatcher en Europa. Pero los nicaragüenses nada teníamos que ver con ese proyecto estratégico que involucraba a todo el planeta y que llevaba como coronario terminar la Guerra Fría.

Ese enfoque de la nueva Administración, las nuevas políticas del capital que hoy están consolidadas, no encontraron en ese entonces un cliente dócil en Nicaragua. Era lo contrario. Nosotros íbamos contra la corriente de la política mundial hablando de autodeterminación, enfrentando una situación de choque que no fue decidida por nosotros.

Era la primera revolución de la historia que pregonaba: ni economía capitalista ni socialista, sino mixta. Pero decir eso ante el nuevo proyecto del gran capital mundial y bajo la administración de Reagan ¡era inaceptable!

Pero ¿ustedes…?

Mirá, caímos en el peor momento de la historia para el proceso de autodeterminación, metiéndonos en la vorágine del final de la Guerra Fría.

¿Y no fue por los obstáculos…?

No hay excusa posible. El 27 de abril de 1893, Reagan dice textualmente ante el Congreso: “La seguridad nacional de todas las Américas, está en juego por Nicaragua”. Vos te imaginás al presidente de Estados Unidos afirmando eso ante un pueblo que se recuperaba de la guerra, postrado económicamente.

Aquí tenés otro del Wall Street Journal: “Centroamérica es la prioridad número uno en la política exterior estadounidense. Ni el control de las armas, ni el misil MX ni las Guerras de las Galaxias, son más importantes que la amenaza de la expansión totalitaria”. ¡Nuestro gobierno preocupaba más que la Guerra de las Galaxias!

¿Pero se les señalaba de apoyar militarmente a El Salvador y Guatemala…?

El Salvador no es invento de Nicaragua. Los salvadoreños más bien nos ayudaron, y cuando triunfamos, el pueblo se desbordó a ayudarlos. Algunos hasta se fueron. ¿Podíamos nosotros negarle apoyo al pueblo salvadoreño? No debíamos. ¿De qué nos cuidamos? De que el gobierno revolucionario y las instituciones no se metieran en este asunto como política del gobierno. Eso no quiere decir que algunos oficiales del Ministerio del Interior o del Ejército estuvieran involucrados. Pero institucionalmente no había. Pero demasiados sandinistas estábamos dispuestos a ayudar, y nosotros, enfrentando a Estados Unidos, no íbamos a perseguir a otros nicaragüenses que estaban ayudando a otros y que no significaban ninguna amenaza.

Pero ¿el apoyo…?

La primera vez que vino el primer funcionario estadounidense a negociar fue el Subsecretario de Estado, Thomas Enders. Nos dijo que le garantizáramos que de Nicaragua no iba a salir un tiro. “Se van a oponer al FLMN en El Salvador y les vamos a dar todos los reales que quieran”, nos dijo.

Nos dijeron que fuéramos los socios de ellos para implementar sus políticas en América Central, y entonces sí íbamos a tener todos los reales que quisiéramos. Y el culpable de todo esto es Sandino que nos enseñó que la soberanía y la independencia no se venden. Y le dijimos que no. Y tampoco nosotros podíamos garantizar que el pueblo no le ayudara a los salvadoreños. ¡Era imposible de cumplir!

¿Pero también hubo señalamiento de violaciones a Derechos Humanos…?

Antes de eso el expediente de Nicaragua estaba solvente. Yo desafío aquí a alguien que me diga que pasó algo entre 1979 y 1982. Aquí nunca hubo ni paredones ni violencia interna. El problema es que éramos un estorbo para Estados Unidos.

Cuando vino esta política confesa de liquidarnos, vino la guerra, y la guerra es por definición el mundo de las arbitrariedades. Y en esa defensa, frente a esa monstruosa política se cometieron arbitrariedades. Eso es cierto… Eso es cierto. En el combate desigual, en el enfrentamiento desigual, de este pequeño país frente a esa gran potencia, obviamente se cometieron errores y arbitrariedades.

Pero escuchá: ¿Por qué la Corte Internacional de Justicia condenó a Estados Unidos a pagar 17 mil millones de dólares?, porque sencillamente violaron el derecho internacional, interfirieron en los asuntos internos de Nicaragua. Pero eso no lo decíamos los sandinistas, lo decía La Haya. El máximo organismo mundial de Derecho Humanos, condenó a los Estados Unidos.

Y ahora, ¿habrá confianza?

Creo que la actual dirigencia del FSLN ha dado más que señales de que en realidad ha cambiado. A mí no me agradan esos cambios. Pero efectivamente en la dirigencia y en los sectores de influencia en el FSLN, yo no tengo en absoluto la menor duda, de que se sienten atraídos por la economía de mercado. Quieren encontrar un espacio para la globalización. Muchos de ellos tienen intereses económicos que defender. Otros se han cansado de ser revolucionarios y han entrado en la fase del reposo y acomodamiento, y ese sector en el FSLN es un sector mayoritario.

De manera que nunca, como ahora, en la historia del FSLN hubo mejores condiciones para un entendimiento entre los intereses económicos e incluso políticos de estas nuevas políticas. Y te digo: A mí no me agrada eso y estoy en desacuerdo, pero efectivamente… porque un empresario, es empresario. Podrá ser liberal, conservador, sandinista, pero el capital es el capital y tienen muy poca importancia los aspectos políticos.

Yo diría: No hay incompatibilidad entre los intereses económicos de un sector de la conducción del FSLN con los intereses de los empresarios liberales, conservadores o norteamericanos.  

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