El famoso “TERROCARRIL” que en 1903 efectuaba el tráfico de carga y pasajeros entre Matagalpa y La Paz Centro. (Colección E. Kühl).

El “Terrocarril”, la odisea del café nicaragüense

Sobre los acontecimientos que vamos a narrar se prepara la edición de un álbum histórico que incluirá 62 fotografías de distintos lugares de la Nicaragua del siglo pasado, tomadas por el alemán Jorge Schmidt Mario Fulvio Espinosa [email protected] Hace algunos años se presentó en Managua la película “Fitz Carraldo”, en la que se presentaba con […]

  • Sobre los acontecimientos que vamos a narrar se prepara la edición de un álbum histórico que incluirá 62 fotografías de distintos lugares de la Nicaragua del siglo pasado, tomadas por el alemán Jorge Schmidt

Mario Fulvio Espinosa [email protected]

Hace algunos años se presentó en Managua la película “Fitz Carraldo”, en la que se presentaba con ribetes espectaculares la odisea de un iluminado colono alemán de Manaos, Brasil, que amante del “bel canto” cumplió la odisea de construir en plena selva amazónica un teatro de ópera igual o mejor que los de Europa.

El episodio central de la cinta muestra a miles de indígenas abriendo un camino entre selvas y montañas, para halar después con gruesos mecates el barco en el que llegaría la Compañía Lírica Italiana que inauguraría el famoso local.

Fantasía o realidad, lo cierto es que el Teatro de Ópera Amazonas, de Manaos, fue construido con las contribuciones de los Cien Barones de la Goma Elástica (Hule), que controlaban entre 1890 y 1920 la economía del área. Ellos, con aires de “nuevos ricos”, se regalaron este antojo que todavía asombra a la humanidad.

“Fue admirable la hazaña de Fitz Carraldo al atravesar parte de la selva amazónica arrastrando un barco… Pero los alemanes que vivían aquí en el siglo pasado, llevaron a cabo otra mejor: armaron un ferrocarril de ocho vagones, lo trajeron halando desde la Paz Centro, y atravesando selvas y montañas lo subieron hasta Matagalpa, a 1,300 metros sobre el nivel del mar”.

En el Hotel Selva Negra hemos tocado uno de los temas más sensibles para el ingeniero Eddy Kühl, la hazaña del TERROCARRIL. “Tan grande, que algunos dicen que fue un capricho de excéntricos, pero tan real que todavía quedan por ahí reliquias de aquel artefacto que vino a impulsar la industria del café en Nicaragua”.

LUIS ELSTER, LA HISTORIA DEL CAFÉ

Según el ingeniero Kühl, hasta 1858 en Matagalpa no había café. Las montañas y picos de las cordilleras Isabelia y Dariense estaban cubiertas de selvas vírgenes habitadas en sus partes bajas por indígenas que cultivaban maíz, frijol y verduras.

Sin embargo, a raíz del descubrimiento de oro en California (1848), y de la apertura de la Compañía de Tránsito de Mr. Vanderbilt, ya desde 1852 pasaban por nuestro país muchos europeos, en su mayoría alemanes, que buscaban mejorar su suerte en los yacimientos auríferos californianos.

Por ese tiempo se apareció por aquí un alemán llamado Luis Elster, quien al darse cuenta de que en California se estaba agotando el oro, preguntó si aquí había yacimientos de ese metal, le dijeron que había uno allá por San Ramón. Ni corto ni perezoso alistó su carreta de bueyes y en ella entró a Matagalpa junto con su esposa, doña Catherine Brown, logrando fundar en 1858 la hacienda La Lima.

Parece que Elster encontró algunas pepitas del preciado metal, así que alistó su mula y bajó a venderlas a León, de regreso trajo algunas frutas del café que ya se cultivaba en Las Sierras de Managua, y se las regaló a su esposa que en lugar de bebérselas las sembró en su huerto.

Fue exitoso el ensayo de doña Catherine, y al poco tiempo otros inmigrantes alemanes, ingleses y norteamericanos empezaron a fincarse en Matagalpa para sembrar café, entre ellos don Alberto Fogel, William De Savigny, Gus Frauenberger, Otto Kühl, Luis Elster, Alex Potter, Alejos Sullivan, los Kraudy, los Travers, los Bolt y los nicaragüenses Francisco Amador, Cosme Pineda y Nazario Vega, entre otros. También fue por influencia europea que las fincas recibieron nombres como Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania y Algovia.

Llegaron a vivir a Matagalpa alrededor de 35 familias, que sacaban el café a lomo de mulas en “recuas”, decía Tomas Gage-, hasta León donde se almacenaba en las bodegas de don León Leiva. De León, salía el grano en ferrocarril hasta Corinto.

Sin embargo, durante la estación lluviosa las mulas se pegaban en el barro, así que una alternativa fueron las carretas de bueyes, animales que por tener cascos más abiertos no se hunden en el suampo y se cansan menos que las mulas.

LA ODISEA DEL TERROCARRIL

En 1902 los cafetaleros organizaron la Compañía de Transporte de Matagalpa para solucionar de alguna manera el problema del traslado del café. Compraron una locomotora en Alemania la cual trajeron en barco hasta Corinto, esa nave tuvo que dar la vuelta por el Cabo de Hornos, ya que en ese tiempo no existía el Canal de Panamá.

“Le tocó a mi abuelo, que era mecánico, y a don Gus Frauenberger, viajar a Corinto para desembarcar y armar la locomotora y los ocho vagones que integraban lo que ellos llamaron el TERROCARRIL o Ferrocarril sin Rieles”, explica Kühl.

“A la máquina de vapor se le adaptaron ruedas tractoras, detrás del convoy siempre venían mulas que cargaban agua y leña para la caldera de la máquina.

De previo, centenares de trabajadores e indios, en un trabajo ciclópeo, habían abierto a punta de pico y pala un largo camino de trocha para que pasara el convoy, colocando en las partes muy sonsocuitosas troncos de madera a manera de durmientes y también gran cantidad de balastre.

La ruta del Terrocarril era la de carretas de la época colonial, la que viene de La Paz Centro, pasa cerca de Telica, Mina La India, San Isidro y desemboca en Sébaco, Chagüitillo y Matagalpa.

Don Alberto Fogel, hijo, refiere que él tenía siete años cuando vio entrar el Terrocarril a Matagalpa. Eso fue un cinco de abril de 1903, que se convirtió en un día de fiesta memorable. Todos los matagalpinos, las autoridades del departamento y los miembros de la Compañía de Transporte esperaban con música y cohetes la llegada del convoy en la salida sur de la ciudad.

Se apareció el “Terrocarril” echando bocanadas de humo y llevando en la parte delantera de la locomotora cuatro banderas: la de Nicaragua, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. “Iba manejada por mi abuelo Otto Kühl, y entre las curiosidades que llevaba a bordo estaban unas marquetas de hielo envueltas en aserrín. En Matagalpa no se conocía el hielo y la gente se extrañaba de ver “comer vidrio” a los invitados y miembros de la Compañía de Transporte.

EL SONSOCUITE SE TRAGÓ AL “TERROCARRIL”

El “Terrocarril” realizó dos viajes exitosos a La Paz Centro. Al regreso traía muebles europeos, artículos para el hogar, instrumentos quirúrgicos, medicinas, un piano, cuadros al óleo, materiales para pintar, vestidos de moda, catálogos, libros y revistas.

Al regresar de su tercer viaje vino la debacle cuando el pesado armatoste quedó entrampado en los suampos elásticos del Valle de Sébaco, cerca de Chagüitillo. Hasta 1907 se hicieron arduos esfuerzos para recuperarlo, pero al fin se abandonó el intento y ahí murió la empresa.

Quedan restos de algunos vagones en el lugar llamado La Power, en Matagalpa, y una rueda de la máquina en Selva Negra, me han contado que otros restos están en la Mina La India, en el Barrial.

De la misma época del “Terrocarril” fue un proyecto de hacer un ferrocarril que conectara Matagalpa con La Cruz de Río Grande, y de ahí salir en barco hasta el Atlántico. Yo guardo una carta que habla de ese proyecto que cien años después no hemos podido realizar.

Después, por mucho tiempo, el café siguió saliendo de Matagalpa en recuas, hasta que en 1938 entró a Matagalpa el primer camión. Ya para 1945 estaba semiconstruida la carretera a Managua, que se terminó en 1948.

¿No cree estimado amigo –me dice Eddy Kühl–, que la odisea del “Terrocarril” fue igual, o quizás superior a la emprendida por el alemán Fitz Carraldo, y que en parte, gracias a ella, nos estamos tomando ese delicioso café gourmet calientito, cultivado en Selva Negra?

BREVES DEL CAFÉ

El café se descubrió en África, los holandeses lo llevaron a Java, de aquí pasó a París y, por supuesto, a Los Martinica.

Los jesuitas lo introdujeron en Guatemala y Costa Rica. Para 1838 el cónsul inglés habla de la existencia del café en Nicaragua.

Rubén Darío cita que don Manuel Matus, de Diriamba. y don Leandro Zelaya, de Las Sierras de Managua, cultivaban el grano en 1845.  

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