Entre el 3 y el 5 de junio recién pasado se llevó a cabo en San José de Costa Rica la Trigésima Primera Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Sorpresivamente, el máximo organismo político hemisférico no logró acuerdos definitivos en uno de los temas de mayor importancia como era la elaboración de una carta compromiso que establecería criterios específicos para la defensa de la democracia en el hemisferio.
Se recordará que en la Cumbre de las Américas celebrada en Quebec, Canadá, en el mes de abril de este año, los Jefes de Estado y de Gobierno de todos los países de América —con excepción de Cuba— pusieron énfasis en un plan para la conformación de un área de libre comercio que abarcaría desde Alaska hasta Tierra del Fuego y que se espera esté en operación a más tardar en el año 2005. En esa oportunidad, los mandatarios ligaron estrechamente ese plan con la preservación del sistema democrático en todo el continente.
Con esa inquietud en mente, los mandatarios instruyeron ahí mismo a sus Ministros de Relaciones Exteriores para que “en el marco de la próxima Asamblea General de la Reunión de la OEA, preparen una Carta Democrática Interamericana que refuerce los instrumentos de la OEA para la defensa de la democracia representativa”. El único país presente en la Cumbre que no estuvo de acuerdo con esa resolución fue Venezuela, aunque se esperaba que su oposición no tuviera mayor trascendencia.
Sin embargo, no fue así. En la recién finalizada Asamblea de la OEA en Costa Rica, los cancilleres no pudieron concretar el mandato recibido de sus respectivos presidentes al no ponerse de acuerdo en el texto de la llamada Carta Democrática, decidiendo solamente aprobar un borrador de la misma y continuar discutiéndola en la próxima asamblea extraordinaria de la OEA a celebrarse en el mes de octubre en Lima, Perú.
Venezuela fue quien lideró la oposición al texto propuesto al solicitar que se incluyera el concepto de “democracia participativa” y no solamente el de democracia representativa tal como lo establecía el mandato de los Jefes de Estado reunidos en Quebec. Venezuela logró que se incluyera su punto de vista en el borrador aprobado en Costa Rica. Los representantes venezolanos en la asamblea de la OEA consideraron dicha inclusión un gran triunfo de su política exterior.
Mientras, nadie puede poner en duda que la democracia requiere de una amplia participación ciudadana en el sistema de gobierno, también es cierto que hay que obrar con mucha prudencia y cautela cuando de abrazar nuevos conceptos que no han sido claramente definidos se trata. Es obvio que el gobierno que el señor Hugo Chávez preside en Venezuela actualmente no puede ser considerado un paradigma de lo que es la convivencia democrática, cuando vemos que bajo la mampara de la llamada “democracia participativa” lo que el presidente venezolano está haciendo es concentrar cada vez más poder en su persona y restarle capacidad a las instituciones y a los ciudadanos en la toma de decisiones.
Esa prudencia y cautela es de fundamental importancia en nuestro país porque estamos a las puertas de unas elecciones generales en las que uno de los candidatos, el señor Daniel Ortega, ha dicho que, de llegar a la presidencia, cambiaría el sistema presidencialista por un indefinido sistema de “asambleas populares” en los municipios. La propuesta del señor Ortega, que se considera inspirada en el famoso Libro Verde del presidente libio Muammar Gadafi, difiere de la propuesta de su mismo partido, el Frente Sandinista, que en un documento presentado el lunes antepasado durante el congreso de ese partido anuncia que en caso de que el Frente llegara al poder cambiaría el sistema presidencialista por uno parlamentario.
La OEA se caracteriza por ser una organización burocrática y poco dinámica. Esta vez no fue capaz de llegar a un consenso definitivo en un tema de mayor importancia como el señalado. Bien haría también ella en obrar con mucha prudencia y cautela en lo que será el texto definitivo de la Carta Democrática para no terminar promoviendo aquello que precisamente desea evitar.