Desastre forestal, crisis y oportunidad

Augusto C. López

Cumpliendo con mi deber de presidente de la Comisión del Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Asamblea Nacional, he visitado los pinares de Jalapa en el Departamento de Nueva Segovia; por fortuna tuve la oportunidad de ver el primer desastre Forestal de mi vida. ¿Por qué por fortuna dirían ustedes asustados?, yo les contesto por fortuna, porque hasta ese día es que pude describir a mi adorada familia y a mi querido pueblo con argumentos lógicos, el dolor que causan los efectos destructivos de la naturaleza, en este caso el comportamiento del Escarabajo Descortezador del Pino Dendroctonus frontalis.

El panorama que tuve la oportunidad de observar es dantesco y desalentador, lo que hace dos meses era una impresionante estepa verde de pinares segovianos, hoy no son más que 12,000 hectáreas de pinos destruidas que conmueven y que exigen a reflexionar, porque Nicaragua injustamente a diario sufre acoso en su naturaleza, que deja cicatrices imborrables y efectos colaterales que disminuyen ampliamente las esperanzas de vida de nuestras futuras generaciones.

Con mis conocimientos en el área forestal, estimo que lo sucedido por desconocimiento se debe única y exclusivamente a negligencia de los diferentes propietarios de los bosques, por no haber controlado oportunamente los brotes de la infección que aproximadamente diez años antes se había presentado en diferentes zonas del país y del territorio centroamericano.

No obstante, Inafor, Mag-For, alcaldías municipales, productores y otros, con sumo interés realizan acciones importantes impidiendo mayores daños al ecosistema de Pinares Nacionales; muy acertadamente implementan acciones esenciales en el control de la plaga y en la restauración de las áreas afectadas, con fondos sólidos que son manejados estratégicamente con la mejor intención de controlar este terrible flagelo.

La catástrofe ecológica como económica es inimaginable, trescientos cincuenta mil metros cúbicos con un valor aproximado a los 35 millones de dólares en peligro de perderse, por lo tanto urge a lo inmediato encontrarle solución a su rescate y aprovechamiento; esto exige de un agresivo programa de comercialización tanto nacional como internacional a través de la participación incondicional del sector privado y de las instituciones involucradas en el tema.

O sea que la tarea que nos toca enfrentar no es la de sentarnos a llorar, sino la de analizar que estas situaciones desagradables se pueden convertir en oportunidades grandiosas a favor de nuestro país, una de ellas y en lo particular la más importante, es que se nos permita con esta afectación lograr fortalecer el Estado con una Ley Forestal que regule, controle y dinamice el Desarrollo Forestal Sostenible Nacional.

* El autor es presidente Comisión del Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Asamblea Nacional.  

Editorial
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