León Núñez
Hace pocos días, en un cuaderno de apuntes que tenía extraviado y que ya había dado por perdido, leí algunas notas que escribí el año pasado cuando el doctor Wilfredo Navarro declaró que él daría su vida por el doctor Alemán. Esta declaración me conmovió profundamente, pues consideré que dar la vida por otro es el más trágico de los desprendimientos.
Realmente estuve tremendamente impresionado durante varios días, porque para mí “no es jugando” eso de andar ofreciendo la vida por alguien que no es ni siquiera pariente de uno. Quizás por el terror que le tengo a la muerte nunca ha cabido en mi mente la posibilidad de semejante sacrificio.
Don Wilfredo, ante la curiosidad de los periodistas por su fatídica declaración, expuso a manera de aclaración que su decisión de dar la vida por el doctor Alemán había sido interpretada por la prensa nacional fuera del contexto en que la había dicho.
La aclaración de don Wilfredo enturbió lo que estaba claro, porque ahora nadie comprende la diferencia que existe entre matarse fuera de contexto y matarse dentro de determinado contexto. Yo tuve la impresión que con la citada aclaración, con sus matices textuales, contextuales y extracontextuales, el doctor Navarro quería echarse para atrás en su decisión de dar la vida por el doctor Alemán.
Precisamente como consecuencia de las dudas que me causó la aclaración de don Wilfredo, vinieron a mi mente varios interrogantes. ¿Qué quiso decir entonces el doctor Navarro cuando expresó que él daría la vida por el doctor Alemán? ¿Qué es eso de dar la vida por alguien? ¿Estaremos en presencia de la demostración de una vocación suicida por parte de don Wilfredo? ¿O estaremos frente a una metáfora que delata una de las expresiones políticas de la servidumbre humana? ¿Se tratará de un arrebato explosivamente lírico con el que se quiere agradecer los favores políticos recibidos? ¿Será la exhibición de un agradecimiento anticipado por los futuros favores que se esperan recibir? ¿O será acaso una expresión alegórica de la más firme lealtad al “caudillo” o la imagen poética del “te quiero más que a mi vida” de la vieja canción?
Todas estas preguntas me impulsaron a hacer una investigación histórica de la política nicaragüense del siglo XX, y descubrí que la disposición verbal de dar la vida por el “jefe” ha sido una constante en la historia del comportamiento de muchos políticos de nuestro país. Durante el transcurso de mi investigación me encontré con políticos que también declararon que darían sus vidas, cada uno en su época, por José Santos Zelaya, por Emiliano Chamorro, por Somoza García, por Somoza Debayle y por Daniel Ortega, pero no me encontré con nadie que haya declarado su disposición de dar la vida, por ejemplo, por Román y Reyes, por René Schick, por Lorenzo Guerrero, etc. sería interesante que se reflexionara sobre esta diferencia.
Por consiguiente, la decisión de don Wilfredo de dar la vida por el doctor Alemán no responde a un fenómeno nuevo. Tampoco se trata de un caso aislado, y esto lo comprobé mediante un experimento que hice en una pequeña reunión de liberales chontaleños, cuando de sopetón, y con rostro grave y solemne, pedí que levantaran rápidamente la mano los que darían la vida por el doctor Alemán. La levantaron de inmediato los que desempeñaban puestos políticos y los aspirantes a diputados.
A la luz de lo antes expuesto, surge ahora otra pregunta: ¿la declaración de don Wilfredo de que estaba listo a dar la vida por el doctor Alemán no podría ser una mentira más de nuestro quehacer político? Me decía un amigo que no creía que el doctor Navarro diera la vida por el doctor Alemán; que eso de andar ofreciendo la vida es una chapupa vieja de don Wilfredo; que ya antes la había ofrecido dos veces: a don Anastasio y a don Virgilio, y que en el supuesto caso, muy fácil de entender, de que el doctor Navarro y el doctor Alemán naufragaran en alta mar y tuvieran a mano una tabla de salvación, que sirviera de salvación solamente a uno de ellos, estaba seguro que el doctor Navarro no iba a dar su vida para que el otro viviera, pues al contrario, trataría de salvarse tratando de ahogar al doctor Alemán.
Yo debo reconocer que mi desconocimiento de la forma de ser de los políticos nicaragüenses fue la causa por la cual me conmovió profundamente la declaración de don Wilfredo de que daría su vida por el doctor Alemán. Vamos a ver ahora quién está dispuesto a dar la vida por don Enrique Bolaños. Pero estoy tranquilo. Este tipo de noticias ya no me volverán a impresionar más porque ya sé que se trata de metáforas que no tienen nada que ver con dar la vida, es decir, que no tienen que ver nada con la muerte.
* El autor es escritor y abogado.