Eddy Kü[email protected]
¡Qué bonito es ver la floración del café y cuanta historia esto envuelve!
Para los neófitos en la materia, quería explicarles que la floración del café se produce después de las primeras lluvias del mes de mayo, y como esto no se sabe cuándo va a ocurrir, no se puede predecir cuándo se va a dar ese día.
Y es que la flor aparece solamente por 24 horas y nada más, este espectáculo de la naturaleza es tan hermoso a los ojos que parece que ha nevado en los cafetales, pues se ve una cobertura blanca, hermosa, encima de las hojas verdes de las plantas del café.
Esto ha cautivado a poetas que han tenido la dicha de verla, por ejemplo el conocido poeta jesuita padre Angel Martínez Baigorri; quien estaba retirado en las montañas de Fuente Pura, en Matagalpa, fue testigo de ello y escribió lo siguiente:
“Flor de café, flor de café,
todo el año te esperé
y sólo un día te gocé”.
Debemos nosotros conocer este milagro e invitar a turistas que buscan ecoturismo a presenciarlo, pues se produce sólo un día y de sorpresa, y a los estudiantes para que entiendan este espectáculo histórico.
¿Por qué histórico?, porque el café es parte de la historia de Nicaragua y como tal hay que conocerlo.
El café es originario de Abisinia, África, llevado a Europa por comerciantes venecianos, fue traído a América del jardín botánico de París por el capitán francés Mateo De Clieu en 1720, a la isla francesa Martinica, en las Antillas, de allí se expandió a las otras islas del Caribe.
A Centroamérica lo trajeron misioneros jesuitas como planta de decoración, especialmente a Guatemala y Costa Rica desde finales del siglo XVIII.
Se ha afirmado que el café llegó a Nicaragua en 1845, pero yo he encontrado que ya antes existía como planta decorativa e incluso como bebida, pues el cónsul inglés Mr. Foster, en 1837, refiere que en Nicaragua “el café y el algodón están recibiendo mayor atención”.
En 1850 el embajador norteamericano George Squier en su libro “Nicaragua, y sus gentes y sus paisajes”, reporta haber estado en: “posadas donde puede obtenerse café, tortillas y pulgas de balde”, quiere decir que ya era popular desde varios años atrás.
Ya como cultivo comercial se lo disputan las sierras de Managua y la meseta de Carazo, pues se refiere que en la finca El Tizate sembraban café, ya en 1845, don Leandro Zelaya y su hermano, el cura Gordiano Zelaya. Así también sembraba café en ese año don José Dolores Gámez, padre del historiador del mismo nombre, según lo reporta Rubén Darío en su libro “Viaje a Nicaragua” en 1907.
Existen reportes de que el nicaragüense de nombre Manuel Matus Tórrez, quien estudió medicina en Guatemala, había hecho amistad con el costarricense Francisco Oreamuno Bonilla, quien le prometió y efectivamente le envió desde Costa Rica semillas y dos cajones que contienen plantitas de café, las cuales Matus y su padre sembraron en su finca La Ceiba, cerca de Jinotepe.
De las sierras de Managua se refiere que don Luis Eltser, un inmigrante alemán, llevó semillas en pergamino, las cuales sembró su esposa Katharina Braun en su finca La Lima, en Matagalpa, en 1858, produciéndose el primer florecimiento en 1861 en el norte de Nicaragua, hace exactamente 140 años.
Las fincas El Tizate en las sierras de Managua, La Ceiba en Jinotepe y La Lima en Matagalpa deberían ser declaradas históricas por el Instituto de Cultura, y construir un Museo Nacional del Café donde nuestra juventud aprenda la historia del trabajo y de los héroes sin fusil que trajeron el desarrollo a Nicaragua.
* El autor es productor de café.