Lagartismo

Soy masaya por gracia de Dios y no tengo varias décadas de venir sufriendo y padeciendo la peste llamada transporte que año con año aqueja a nuestros vecinos más cercanos, los managuas. Sin tener la vara mágica creo que por el bien de todos lo mejor sería seguir el ejemplo de los países desarrollados y […]

Soy masaya por gracia de Dios y no tengo varias décadas de venir sufriendo y padeciendo la peste llamada transporte que año con año aqueja a nuestros vecinos más cercanos, los managuas.

Sin tener la vara mágica creo que por el bien de todos lo mejor sería seguir el ejemplo de los países desarrollados y darnos mejor vida y salud, exigiéndole al gobierno de turno y a sus autoridades en general, que nos abastezcan de bicicletas tanto personales, como familiares y, así, cada uno de acuerdo a su capacidad y con el apoyo directo gubernamental, no cobrando impuestos de introducción por este medio de transporte, podremos cambiar la flota bicicletal cada año y estos transportistas quedarán junto con sus trastes viejos en el basurero del olvido.

En cambio, seremos un pueblo más sano porque haremos ejercicio diario; además, tendremos menos basura en las calles porque no nos dará tiempo de ir comiendo y botando desperdicios en las avenidas, estaremos descontaminando el medio ambiente y nuestros gobernantes no tendrán que estar pasando el Niágara en un taburete con las constantes alzas internacionales del petróleo y sus derivados.

Recordemos que en países con mayor capacidad que nosotros: Japón, Finlandia, Noruega, Francia y aquí en Centroamérica, Costa Rica, los vehículos automotores no entran al centro de las ciudades y capitales por el bien de sus habitantes.

Sólo unidos los nicaragüenses podremos acabar con la peste del lagartismo transportista y los malos funcionarios de gobierno, que ganando megasalarios no son capaces de dar soluciones largoplacistas a problemas que, como dijimos anteriormente, se convierten en peste o plaga anual.

Por último, aprendamos de los cubanos a quienes tanta gente quiere imitar: a falta de combustible, la bicicleta o los pies que sabiamente nuestro Creador nos puso.

Las soluciones no van a venir del cielo ni la van a dar los politiqueros de turno, sólo el pueblo salva al pueblo.

Para concluir, dejo esta frase tan vieja como los buses: ¡ya me voy, ahí los dejo, para que los vivos vivan de los pendejos! No seamos esto, ni de los políticos incapaces, ni de los transportistas vividores; ya estamos creciditos, aprendamos a defendernos solos.

Edgard Delgadillo Peña,

Masaya, Nicaragua.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí