Julio Ruiz Quezada*
No digo nada novedoso cuando afirmo una vez más que el presidente Arnoldo Alemán y su partido pusieron en riesgo nuestra incipiente democracia al posibilitar constitucionalmente que el Frente Sandinista llegue al poder con sólo el 35 por ciento de los votos en los términos establecidos en la Constitución y en la nueva Ley Electoral.
Cuando los políticos criticamos el pacto Alemán-Ortega y específicamente señalamos el error a que me referí en el párrafo anterior, el presidente Alemán contestó con frases triunfalistas: “Barreremos en las elecciones”, obtendremos “un millón de votos”, “Ganaremos setenta diputaciones”. A estas alturas sí, creo que el Dr. Alemán ya abandonó su triunfalismo, la derrota cualitativa (perdió Managua y las principales cabeceras departamentales) y cuantitativa (perdió 130 mil votos) sufrida en las elecciones municipales, a lo que hay que agregar el hecho de que en todas las encuestas aparece a la cabeza el candidato del FSLN, debe haber convertido el triunfalismo en temor, al extremo que se ha aliado con personajes de conocida militancia sandinista extremista, como es el caso del antiguo propietario de Radio Ya y de otros antiguos colaboradores del gobierno sandinista cuyos nombres no prefiero mencionar.
La imprudencia del pacto dio un nuevo aire al sandinismo que venía de mengua desde la presidencia de la señora Chamorro, pero ahora el señor Alemán y sus “tontos útiles” desde ya tratan de responsabilizar al Partido Conservador de su probable derrota, a pesar de que Nicaragua entera es testigo de que denunciamos el pacto desde su inicio, por corrupto y antidemocrático, y que podía darse el caso de que tuviéramos un gobierno de minoría.
La campaña radial es feroz, diciéndole a los conservadores que deben votar en la casilla roja para impedir el triunfo sandinista, éstas y otras parecidas informaciones son repeticiones de la estrategia usada en el año 96, que no sólo permitió el triunfo del Dr. Alemán, sino que los engañados nicaragüenses le dieron una gran cantidad de diputados obedientes, con los que fue capaz de pactar con el frentismo, repartirse el poder y amenazar nuestra costosa e incipiente democracia.
¿Por qué los conservadores debemos pagar el error político del señor Alemán y sus consejeros? ¿por qué se quiere obligar al pueblo a escoger entre la corrupción o el totalitarismo? Sólo hallo una explicación, y es que el señor Alemán quiere acabar con la existencia del Partido Conservador y adquirir sus valores, única reserva moral del país.
Los conservadores creemos en la democracia que es en esencia pluralismo y participación, por ello debemos votar en las venideras elecciones bajo la bandera verde en todas las papeletas, ya que es indispensable el pluralismo en todos los poderes del Estado. Queremos participar en la defensa del pueblo contra la corrupción, e impedir el desmoronamiento moral del gobierno como ocurrió en el somocismo. Debemos repartir el voto para impedir una nueva Constitución o una reforma constitucional que transfiera todos los poderes al Poder Ejecutivo para instaurar una nueva dictadura por la devolución a Daniel o a Arnoldo de los privilegios que concedía al presidente la Constitución de 1987.
Algunos engañados con la radios pagadas, con los jugosos puestos de sus directores, dicen: “Si llega el sandinismo volverán las confiscaciones de las propiedades, Micoin quitará al pueblo sus alimentos, volverá el éxodo y la separación de la familia”. Si llega el sandinismo eso es posible, pero la verdad es que sólo un gobierno nacional en una casilla universal puede impedir este pasado, ya que el gobierno facilitador, por ejemplo, permite el funcionamiento de bancos que en forma seudolegal se han quedado con las propiedades de centenas de nicaragüenses; el gobierno facilitador impide la alimentación del pueblo imponiendo salarios mínimos que no pasan de un dólar por día, y en cuanto al éxodo de la población y la separación de la familia ha sido favorecido por el gobierno facilitador del señor Alemán al no crearse fuentes de trabajo, ya que la corrupción aleja a los inversionistas, lo que ha obligado a más de un millón de nicaragüenses a permanecer en el exilio.
Hay que abandonar el miedo, sólo la casilla universal y conciliadora del Partido Conservador es capaz de transformar y de construir la nueva Nicaragua.
* Directivo del Partido Conservador.