El domingo pasado se despejó en el Perú la incertidumbre electoral que existía desde septiembre del año pasado, cuando el ex presidente Alberto Fujimori se vio obligado a anunciar nuevas elecciones después de un sonado escándalo de corrupción en el que el protagonista central fue su asesor y jefe del Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos. Por un margen relativamente pequeño, y en unas elecciones ordenadas y pacíficas, el candidato de la coalición Perú Posible, Alejandro Toledo, ganó la presidencia, derrotando a Alan García, candidato del izquierdista APRA.
El reto que Toledo tiene por delante es formidable. El nuevo presidente, que es de ancestros indígenas, se enfrentará a una economía en recesión, a altas tasas de desempleo, a instituciones estatales deterioradas, a un alto grado de corrupción en el Poder Judicial y en las Fuerzas Armadas, y a una gran desconfianza de los peruanos en la clase política. El triunfo de Perú Posible, aceptado sin cuestionamientos de ninguna especie por los partidos de oposición y por los observadores nacionales e internacionales, está lejos de ser un cheque en blanco extendido por el electorado peruano. El reducido margen con el que ganó Toledo, sumado al hecho de no haber obtenido mayoría en el Congreso (logró sólo 45 de los 120 asientos) obligará al nuevo presidente a formar un gobierno de coalición nacional, o a forjar alianzas temporales para lograr la aprobación de ciertos asuntos legislativos en concreto.
En el Perú hay un alto grado de esperanza acompañado de un buena dosis de escepticismo. La confianza en el nuevo presidente es bastante reservada. Entre los analistas políticos existe una especie de consenso en torno a la idea de que los ciudadanos escogieron “entre dos males, el menor”. El principal contrincante de Toledo, Alan García, fue presidente del Perú entre 1985 y 1990. Su actuación populista hundió al país en una crisis económica de enormes proporciones. A pesar de ese pasado funesto, su partido, el APRA, logró 28 escaños en el Congreso, lo cual le otorga una cuota de poder nada despreciable. Hay que reconocer, no obstante, que García no ha amenazado con “gobernar desde abajo”, como lo hiciera Daniel Ortega después de perder las elecciones en 1990, sino que, para mérito suyo, le ha ofrecido su total cooperación al presidente electo, Alejandro Toledo.
A diferencia de los muchos y efusivos elogios que en los Estados Unidos generó el triunfo electoral de Vicente Fox en México el año pasado, esta vez las autoridades estadounidenses han sido parcas y cautelosas en sus declaraciones respecto al triunfo de Toledo, reflejando también un poco del escepticismo de los electores peruanos. El vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher, elogió más bien al presidente interino, Valentín Paniagua, por su gran contribución al logro de un proceso electoral limpio y transparente. Por su parte, las instituciones financieras internacionales —Banco Mundial y BID— anunciaron, desde días antes de las elecciones, un paquete de préstamos de 800 millones de dólares.
Toledo tomará posesión en julio. De momento sólo ha anunciado a un miembro de su gabinete, el connotado economista pro libre mercado, Pedro Pablo Kuczinsky. Ha dicho, además, que invitará a formar parte de su gabinete a Javier Pérez de Cuéllar, quien fue Secretario General de las Naciones Unidas. Los otros miembros, dijo, se anunciarán en las próximas dos semanas. Dentro de sus planes concretos para lograr la reactivación de la economía están la reducción de impuestos, la reducción del encaje bancario, la lucha contra el contrabando, la austeridad fiscal, y el cumplimiento del programa de privatizaciones. Esto último, que es de vital importancia para dar confianza a los inversionistas, no será fácil de lograr, ya que la reactivada izquierda liderada por Alan García, es bastante probable que se oponga en el Congreso.
En el fondo, Toledo está claro de que la reactivación de la economía peruana sólo puede lograrse con muchas inversiones, y para eso deberá resistir las tendencias populistas, no sólo del APRA, sino de muchos miembros de su propia coalición. Le deseamos suerte al presidente electo, Dr. Alejandro Toledo, y a todo el pueblo peruano.