El paramédico de los patrulleros de la frontera en Tucson, Néstor Ortiz, atiende a un joven indocumentado que rescataron en el desierto.

“Coyotes” pierden la noche

Douglas Carcache, Enviado [email protected] Las patrullas fronterizas de Estados Unidos, que operan en el sector de Tucson, detienen cada día entre 600 y 1,200 indocumentados y han logrado reducir en un 23 por ciento las detenciones, lo que interpretan como un descenso del cruce de inmigrantes debido al uso de nuevas tecnologías, entre ellas los […]

Douglas Carcache, Enviado [email protected]

Las patrullas fronterizas de Estados Unidos, que operan en el sector de Tucson, detienen cada día entre 600 y 1,200 indocumentados y han logrado reducir en un 23 por ciento las detenciones, lo que interpretan como un descenso del cruce de inmigrantes debido al uso de nuevas tecnologías, entre ellas los sensores en la tierra que detectan los movimientos de grupos a largas distancias, además de “ojos de gato”, lentes especiales para ver de noche, cuando los “coyotes” acostumbran trasladarlos.

“Le hemos quitado la noche a los contrabandistas”, afirmó David Aguilar, jefe de las patrullas de la frontera en Tucson, explicando que ahora cuentan con tecnología muy moderna comparada con la de hace un año, lo que podría significar un aumento importante de las detenciones de indocumentados, o rescates como suelen llamarle los patrulleros, dado que los inmigrantes llegan exhaustos, a veces a pocas horas de morir.

“Los indocumentados que entraron con éxito hace un año o dos ya no podrían hacerlo hoy, por la nueva tecnología” con que cuenta la patrulla de frontera estadounidense, afirmó Aguilar.

Para el jefe de US Border Patrol de Tucson, el problema mayor son los “coyotes” o contrabandistas que “sólo quieren el dinero de la gente que desea mejorar su vida y los llevan por las áreas desérticas”.

A lo largo de la frontera de Tucson, que tiene 280 millas, han registrado 30 muertos en lo que va del año 2001, pero en el 2000 la cifra fue de 78 muertos. Son los que las patrullas logran hallar en el desierto, pero de acuerdo a declaraciones de indocumentados rescatados los muertos pueden ser más, porque muchos quedan agotados en la travesía o se pierden.

Es común que “los contrabandistas abandonen a la gente en las áreas desérticas y en zonas de peligro”, comentó Aguilar, quien pidió a las autoridades de los países centroamericanos que apliquen leyes fuertes contra los “coyotes”.

Para trasladar a los indocumentados de México hasta Phoenix los “coyotes” cobran un mínimo de 1,200 dólares, aunque suelen dejarlos a medio camino, en el desierto, donde las patrullas han rescatado niños, mujeres y ancianos, dijo Aguilar.

Incluso, reveló que cada mes descubren entre 300 y 400 casos de personas que son prostituidas por los mismos contrabandistas, los que también acostumbran a secuestrar indocumentados cuando sus familiares no pagan a tiempo el precio del traslado.

UN PARTO EN EL DESIERTO

Cruzar el desierto de Arizona requiere un mínimo de tres días y cada persona debe tomar al menos cuatro litros de agua por hora, para mantenerse en buenas condiciones, pero los indocumentados suelen llevar poca agua porque los “coyotes” les mienten al decirles que el camino es corto.

Ya en las tierras áridas “el instinto de sobrevivir hace que unos abandonen a otros”, explicó Néstor Ortiz, un paramédico que trabaja con las patrullas de la frontera de Estados Unidos y que ha rescatado a cientos de inmigrantes moribundos.

“En los grupos vienen niños y hasta mujeres embarazadas. Recuerdo a una que tuvo su niño en el desierto, los patrulleros hallaron la placenta y siguieron su rastro, hasta que la encontraron y la salvaron”, relató.

Ortiz encontró perdido a un niño de ocho años, hace tres semanas. Venía con un grupo en el desierto, se detuvo a orinar y se perdió. Un indio lo vio y lo protegió, pero en un descuido el niño se le fue y se volvió a perder.

Los agentes, a bordo de un helicóptero, descubrieron las huellas del niño y las siguieron durante seis horas y cuando lograron divisarlo, él estaba dando vueltas en círculos, deshidratado y casi perdiendo el conocimiento. “Ya no podía hablar fuerte cuando lo rescatamos, un poco más y hubiera muerto”, dijo el paramédico.

Néstor reflexiona: “La gente se cruza porque no sabe lo que le va a pasar, les mienten. A mí, los que me enojan son los coyotes, no las personas que entran, pero hay que cumplir la ley”.

Los mexicanos que son detenidos o rescatados por la patrulla fronteriza son deportados de inmediato a su país. Los de otras nacionalidades son remitidos a un juez. La mayoría de los indocumentados dicen que son mexicanos para que los manden al otro lado de la frontera e intentar el regreso, pero las autoridades norteamericanas llaman al cónsul de México del poblado más cercano, para que los identifique.

“No podemos deportar a un nicaragüense hacia México, porque no es mexicano”, explicó el oficial de la US Border Patrol, René Noriega.

EL CASTIGO A LOS «COYOTES»

En Estados Unidos, un traficante de personas puede ser condenado hasta a cadena perpetua, porque le aplican una pena de al menos cinco años de cárcel por cada indocumentado que traslada. El cargo principal que le hacen se denomina en inglés “endangerment”, que es exponer personas al peligro. En Tucson murieron dos inmigrantes en un accidente, hace poco, y el “coyote” fue condenado a cadena perpetua.

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