- Unos seis mil artesanos de Masaya son reportados oficialmente por el Inpyme, sólo en Monimbó hay 250 talleres formales
Leopoldo López AriasCORRESPONSAL/MASAYA
Masaya y Monimbó eran pueblos artesanos que trabajaban con gran arte la fibra vegetal, vivían además de la agricultura, la pesca y la caza en la era aborigen.
Don Santiago Ñurinda y Sánchez, estudioso de las costumbres y tradiciones de su pueblo, asesor de folclor de la Municipalidad de Masaya, sostuvo que los dos pueblos fueron fundados por los dirianes.
Sin duda alguna, las dos poblaciones tenían las mismas costumbres y tradiciones en su artesanía. “Ellos elaboraban la cerámica vidriada [que daba la apariencia del vidrio] y que al correr del tiempo desapareció”, recuerda el señor Ñurinda.
Para elaborar los utensilios de cocina, los sarcófagos y otros objetos de adorno, tenían que viajar a los pueblos de Catarina y San Juan de Oriente a traer barro. Actualmente la artesanía en cerámica no se elabora en Masaya.
Con la madera fabricaban bateas que utilizaban para guardar granos, muebles rústicos como taburetes, patas de gallina, bancas y los más pobres se sentaban en pedazos de troncos.
SEIS MIL ARTESANOS TRADICIONALES
El director del Instituto Nicaragüense de la Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme), Ing. Abel Largaespada asegura que existen seis mil artesanos que conservan las mismas tradiciones de sus antepasados.
Tejen la palma real, hacen cestos para trasladar la fruta al mercado y roperos de la caña de castilla y de bambú; en el proceso de la madera han incorporado herramientas eléctricas que les facilita forjarla a su manera.
De la cabuya hacen lindos tapices, cabestros y en cordelería fabrican la manila para las hamacas ecológicas, uno de los talleres más completo que existe en Monimbó y que genera empleo a varias familias.
AFECTADOS POR LA RECESIÓN
La globalización y la recesión económica está afectando a los pequeños y medianos microempresarios y muchos de ellos se han resignado a cerrar sus talleres para buscar otras alternativas de vida en la vecina del sur, Costa Rica.
Don Santiago Ñurinda y Sánchez dice que en Monimbó existen unos 250 talleres formales, pero en ese barrio en cada hogar existe uno familiar.
Los que han creado nuevos diseños en el proceso de la madera preciosa, en la fabricación de muebles, calzados, hamacas de manila, tapices se resisten a desaparecer y han logrado mercados en Estados Unidos y países europeos.
Justa Emilia Dávila Medina, a sus 72 años todavía trabaja tejiendo la palma para fabricar sombreros de palma, ella dice que con ese oficio gana para el sustento diario de su familia, pero aclara que no es para enriquecerse.
ARTESANOS EMIGRAN
Para muchos artesanos lo que está afectándolos a ellos es la falta de mercado y el financiamiento, existen algunos como los Caruñas, Alemán Soza, El Tonnio Pflaum, El María Auxiliadora que venden sus productos al extranjero.
La zapatería no tiene futuro por la introducción al país de calzado extranjero y muchos dueños de talleres como don Alejandro Amador han cerrado.
La suerte acompaña en este oficio a don Gonzalo García que con esfuerzo propio ha logrado formar una minifábrica de calzado de cuero y que ha logrado vencer los efectos de la globalización.
Las propietarias de talleres de costura y bordado están en las mismas condiciones de los artesanos del calzado y muchas de ellas han cerrado sus negocios de elaboración de guayabera calada, para emigrar a Costa Rica.