- Apoyado en muletas y sin su esposa, padre sepulta a su pequeña hija
Deir Al Bala (AFP)
FRANJA DE GAZA.- La familia de Iman Hiju enterró ayer a la pequeña de cuatro meses, muerta el lunes durante un bombardeo del ejército israelí sobre el campamento de refugiados de Jan Yunes, al sur de la Franja de Gaza.
Sentado en una silla de plástico, en el primer piso del pequeño edificio que posee la familia en el campo de refugiados de Deir Al Bala, a pocos kilómetros de Jan Yunes, el padre de la niña, Mohamed Abdel Hamid Hiju, contiene con dificultad su pesar.
Al cabo de unos instantes, una lágrima corre por su mejilla y, sin poder evitarlo, rompe a llorar y se tapa el rostro con las manos. Para desplazarse por el salón blanco, Mohamed Abdel Hamid Hiju tiene que ayudarse de muletas. Miembro de base de los servicios de seguridad palestinos, una bala israelí le fracturó la tibia en Cisjordania, el pasado dos de enero.
Su esposa, Suzanne, de 20 años, al igual que él, herida en Jan Yunes, cuando visitaba a sus padres en el mismo ataque en el que su hija murió, todavía sigue en el hospital. Hasta la trágica muerte de Im n, la pareja vivía en una habitación de la casa del abuelo paterno. Bajo el mismo techo vivía una gran familia, cuyos miembros guardan hoy duelo en silencio, hombres y mujeres por separado.
UN REPOSO INFANTIL
Al salir de la mezquita, demasiado pequeña para los miles de fieles reunidos para una última ceremonia religiosa, el cortejo se dirige hacia el lugar del entierro, precedido por numerosos vehículos llenos de miembros de fuerzas de seguridad palestinas. A pocos kilómetros de su casa, Iman recibe sepultura. Su padre está ausente, ya que exhausto por la emoción se desmayó a la entrada del pequeño cementerio rodeado de eucaliptos, donde su hija reposa ya en paz.
LOS RECUERDOS QUE LAS BALAS SE LLEVARON
– La habitación donde Iman vivió su corta vida está vacía. Una silla, la cama y en la pared un retrato del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, son el único mobiliario. Cuando una ambulancia procedente de Jan Yunes llega con el cuerpo sin vida de Iman, el dolor contenido estalla. Gritos, llanto, lamentos. Sobre el colchón de la cama de sus padres, minúscula en el lienzo blanco, la niña parece dormida.
– Mohamed Abdel Majid Hiju se precipita sobre su hija y la cubre de besos, hasta que le alejan de allí. Cuando sale de la casa, apoyado en sus amigos, el padre desesperado da rienda suelta a su cólera. Girando su rostro sudoroso hacia el cielo, grita: “Dedico la muerte de mi hija a los pueblos árabes”.
– En la calle, un centener de escolares uniformados palestinos, dirigidos por sus maestros, corean “venganza, venganza y venganza” y “Palestina, Palestina”.