La enfermedad del nuevo milenio

Javier Martínez Derreaza

Todo hace indicar que hemos entrado en un período de tiempo en el que la “depresión” será una enfermedad predominante en el mundo, para desgracia nuestra Nicaragua no se salva. Son nuestros niños y jóvenes quienes sufrirán mayores estados depresivos, no se observarán muchas manifestaciones de tristeza, sí se notará un desinterés paralizante, desaliento y autocompasión, una marcada desesperanza, síntomas que acompañarán a nuestros hijos a lo largo de toda su vida.

¿Por qué la depresión se presentará cada vez más en niños y jóvenes? Porque el sostén de los hijos ha desaparecido, la familia sufre una erosión permanente, el aumento del índice de divorcios, el poco tiempo que los padres dedican a sus hijos, los hijos no conocen a sus familiares, la pérdida de todas estas fuentes de autoidentificación los hacen susceptibles ante la depresión.

En las últimas décadas hemos asistido a una paulatina pérdida de los valores que nos han regido a través de los siglos, hoy el individualismo es la norma de compartimiento entre los jóvenes y adultos, la decadencia en las creencias religiosas es más que evidente, el dinero, el mercado y el consumismo son los nuevos dioses, se ha perdido el apoyo de la comunidad y de la familia extendida (abuelos, primos, tíos, etc.), todo esto nos indica que hemos perdido recursos que hacían las veces de amortiguadores ante los golpes, contratiempos y fracasos sufridos en la vida. Hoy se es propenso a percibir una derrota como algo permanente, convirtiéndose ésta en una continua fuente de desesperanza.

La depresión no sólo debe ser tratada sino prevenida, debemos de prestar especial atención a los niños, cuando una depresión se presenta a muy temprana edad, aunque sea de forma benigna ésta podría prolongarse por años, el costo de una depresión para un niño es muy alto, ya que ésta le impide el desarrollo de sus habilidades sociales, es decir tienden a no comunicarse o se relacionan con niños tristes y con aquellos con quienes los otros no quieren jugar.

Los niños con depresión son socialmente ineptos, con pocos o ningún amigo, menos elegidos por niños de su edad para jugar, no son populares y tienen problemas para relacionarse con los demás. Su desempeño escolar es pobre, la depresión interfiere a su memoria y su concentración, prestan poca atención en clase y no retienen lo que se les enseña.

Ante la amenaza de esta enfermedad silenciosa que en cualquier momento puede entrar por la puerta de casa, se deben tomar medidas de tipo preventivas que eviten tantos trastornos sociales, de aprendizaje y eventualmente podría prevenir un “suicidio”, las familias y el Estado deben prepararse para hacer frente a esta patología que dentro de poco tiempo se convertirá en una epidemia.

Personalmente pienso que el Estado debe comenzar a desarrollar programas de prevención, estos deben desarrollarse a través de la escuela, ya que los niños deprimidos generalmente no reciben en la familia el apoyo y estímulo que necesitan para transitar por la vida por lo que las escuelas pasan a ser el único lugar en donde las familias y los niños podrán encontrar apoyo en sus problemas del niño, así como ayuda para corregir las deficiencias de los niños, tanto en la aptitud social como emocional, sólo en la escuela se pueden ofrecer lecciones de vida que no pueden recibir en ninguna otra parte.

Esta tarea preventiva de la escuela exige cambios importantes: los planes de enseñanza deben de ser modificados y los maestros deben de recibir el entrenamiento necesario para ir más allá de su misión tradicional, implica también que los miembros de la comunidad tienen que involucrarse más activamente en el quehacer estudiantil.

Un programa que puede ayudar a prevenir esta epidemia es el aprendizaje de habilidades emocionales que enseña a niños y jóvenes a identificar sus sentimientos, expresarlos, evaluar su intensidad, postergar la gratificación, dominio de los impulsos, reducir el estrés, conocer la diferencia entre sentimientos y acciones, todo este programa se imparte en clase con la participación de los alumnos y su objetivo es enseñarles habilidades que les permitan enfrentar los problemas de la vida de forma diferente, así como prevenir la depresión y un eventual suicidio.

Por el momento en nuestro país sólo nos resta observar a nuestros hijos, si lo notamos aislado, irritable, retraído, con dificultades alimenticias, alteraciones del sueño, con problemas de comunicación de los demás y si además tiene bajo rendimiento escolar, no dude en visitar a una persona especializada en este tipo de problema ya que lo mejor que usted puede hacer por su hijo es prevenir la depresión y si ya la padece darle los medios necesarios para salir de ella.

* El autor es psiquiatra.  

Editorial
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