Los enredos del doctor Ramírez

Antonio Lacayo

Después de establecer con claridad que la hiperinflación fue derrotada por el gobierno democrático de doña Violeta de Chamorro, y no por el actual gobierno, como quiso dar a entender el doctor Noel Ramírez (en un artículo de opinión publicado en LA PRENSA a finales de marzo), aproveché para hacerle tres preguntas al referido presidente del Banco Central en mi artículo del día 30 (del mismo mes): ¿Por qué no han subido las exportaciones durante el actual gobierno? ¿Por qué ha aumentado tanto la deuda interna del gobierno durante estos últimos años? Y, ¿por qué los organismos financieros internacionales están requiriendo que el gobierno suba significativamente el nivel de reservas internacionales?

Eran tres preguntas que, de haberlas contestado, nos hubiéramos dado cuenta los nicaragüenses que la economía no va tan bien como él quiso dar a entender en su primer artículo. Como era lo previsible, no las contestó en su segundo artículo del 2 de abril. En lugar de hacerlo, sacó un poco de lodo y quiso ensuciarme, como para que no siga con estas preguntas que ya entendí que le incomodan.

Se enreda el presidente del Banco al insinuar que las cifras de exportaciones que yo menciono están “infladas en US$200 millones”. Las cifras las tomé de lo que el propio Banco Central tiene en su página web. Basta con navegar unos minutos en el internet que tiene Telematix, propiedad del gobierno, para darse cuenta lo despistado que anda el doctor. Según sus propias cifras, Nicaragua exportó $223 millones en 1992 y $577 en 1997, lo que demuestra un crecimiento promedio anual del 21%. De haber podido el actual gobierno mantener este ritmo de crecimiento en las exportaciones, hoy serían de $1,236 millones. De nuevo, ¿qué pasó?.

Además, es poco seria la afirmación del Dr. Ramírez cuando dice que en las cifras se incluían exportaciones ficticias con el “único objetivo de defraudar al Estado nicaragüense”, pues eso hubiera ameritado no sólo una acusación formal de parte del actual gobierno contra los que impulsaban esas defraudaciones, sino también un esfuerzo serio por probar los cargos. Los tribunales de justicia del actual gobierno liberal, por el contrario, absolvieron plenamente al ministro Pablo Pereira de las acusaciones que se le hicieron por el manejo de los CBT, y el gobierno de Alemán se quedó tranquilo. ¿Por qué? Sencillamente porque Pablo Pereira no robó, y su modesta forma de vivir lo testimonia.

Se enreda también el doctor Ramírez cuando quiere hacernos sentir mal por haber emprendido el plan de renovación cafetalera, gracias al cual se logró producir más de dos millones de quintales de café en la cosecha 1999/2000. Jamás dejamos “en el aire” a ninguno de los cafetaleros que creyeron en nuestro gobierno. Quisiéramos haberles podido mantener los plazos largos y los intereses bajos con que comenzó el programa, pero el BCIE nos cortó bruscamente el financiamiento que habíamos obtenido debido a la inmensa deuda que había dejado ahí el gobierno de Daniel Ortega, hoy socio queridísimo del doctor Alemán en el pacto más corrupto que conoce nuestra historia, ante el cual el doctor Ramírez ha guardado profundo silencio.

La corrupción está galopando en el actual gobierno. No se trata de “errores” como dice el doctor en su segundo artículo. Los errores se corrigen, cuando uno cae en la cuenta que se han cometido. La carretera a El Chile, sin embargo, sigue ahí, sin que nadie haya explicado la justificación de ese increíble abuso de poder ni exista ningún acusado. La terraza de la mansión de Pochomil construida con fondos del Mitch sigue ahí, como si nada hubiera pasado: La privatización del Banic con fondos de Iniser continúa sin aclararse, con gran perjuicio para el propio Banic. Las reservas internacionales permanecen deterioradas porque el pacto no permitió encontrar culpables en el caso de Interbank. El Banco Central decidió utilizar los ingentes ingresos que generó la privatización de ENEL para tapar ese hueco. ¿Errores? Mejor llamemos las cosas por su nombre.

“Es bueno que recordemos la destitución del Contralor”, termina diciendo el doctor Ramírez, en referencia a cuando el señor Guillermo Potoy solicitó mi destitución en 1992. Lo hace con el propósito de insinuar que yo “también” cometí actos de corrupción, recurriendo a ese mecanismo tan empleado por algunos funcionarios del actual gobierno de afirmar que “aquí todos estamos pringados” cuando tratan de justificar su corrupción.

La destitución que solicitó el Contralor en aquella ocasión fue un acto netamente político del señor Potoy, que también era presidente del Partido Social Demócrata, cuyo secretario general era el señor Alfredo César. Éste, desde su cargo de Presidente de la Asamblea Nacional, había pedido el corte de la ayuda norteamericana a Nicaragua, y junto con ello buscaba sacarme del gobierno y poner de rodillas a doña Violeta ante sus torcidas intenciones políticas.

La propia Asamblea Nacional de entonces fue la que destituyó a Potoy, quien regresó a su trabajo en Casa Pellas sin jamás pasar por una cárcel como la que el actual gobierno le impuso al Contralor Agustín Jarquín.

Espero que el doctor Ramírez, además de contestar las tres preguntas de carácter económico, no quiera desviar la atención del momento actual recurriendo a episodios del gobierno de doña Violeta. Si lo quiere seguir haciendo, garantizo que se estrellará contra la pared cada vez que intente ensuciarnos. Mejor será que veamos el presente y el futuro que tenemos por delante, para ver cómo podemos superar la peligrosísima crisis económica en que estamos cayendo, y le evitemos lo peor al país.

Ahora que (el Presidente) Alemán tiene que salir forzosamente del poder, lo peor que nos puede pasar es que por nuevas torpezas del actual gobernante y de sus previsibles ministros, nos encontremos en noviembre con el triunfo de su socio en el pacto. Esto equivaldría a que vuelva a ganar Alemán y Nicaragua no aguantaría cinco años más de lo mismo.

* Ex ministro de la Presidencia.  

Editorial
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