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“Dad, pues, a césar lo que es de césar y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22: 21), reza una de las enseñanzas del Rabí Jesús que todos deberíamos tener en cuenta y principalmente quienes ostentan el poder y se quieren escudar en las enseñanzas del galileo.
Después de escuchar las declaraciones de Su Eminencia el Cardenal Miguel Obando y Bravo, sobre las dietas, los megasalarios y la corrupción en el Estado, se puede deducir que si todos somos corruptos, nadie puede tirar la primera piedra, por tanto, no debemos molestar a quienes son corruptos. Esto no es correcto porque los términos de las declaraciones envuelven en un mismo papel a personas que distan mucho de los corruptos.
Me parece y si no es así, el Cardenal y la Iglesia sabrán perdonarme, pero estas declaraciones del líder espiritual de la Iglesia Católica de Nicaragua, no reúnen la esencia misma del sentimiento cristiano que es justo y equitativo.
No es justo, ni equitativo, ni cristiano, que la población no tenga un sistema de salud eficiente con médicos, enfermeras y demás personal con salarios decentes; no es correcto que hayan miles de maestros ganando un salario miserable mientras entregan sus vidas dando el pan de la enseñanza en las escuelas. Seguro que el Rabí no admitiría que los tributos del pueblo sean despilfarrados como ya se ha demostrado hasta la saciedad en Nicaragua.
No es justo que miles y miles de dólares se gasten en dietas y megasalarios, cuando centenares de niños y familias enteras comparten desperdicios con aves depredadoras en el basurero de Acahualinca, en Managua.
Como tampoco es justo que existan miles de familias sin agua, energía eléctrica, vivienda y empleo, mientras los impuestos son utilizados en cosas que sólo sirven para maquillar la imagen del gobierno.
Si por lo menos uno de estos funcionarios bien pagados y con privilegios ofensivos para la realidad que vive Nicaragua, renunciara a ellos, algo se empezaría a hacer. Ojalá que en víspera de Semana Santa, uno de estos funcionarios de gobierno, haga lo mismo que Zaqueo.
Zaqueo era jefe de los publicanos y rico, que procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
Entonces Zaqueo, puesto en pié, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.
Ojalá que alguno de los funcionarios tenga la valentía de Zaqueo para devolver lo que ha defraudado al pueblo. Esperemos que uno de ellos lo haga, de lo contrario no podemos justificar a quienes toman el tributo del pueblo para enriquecerse y robustecer el flagelo de la corrupción.