Sobre la elección de los diputados

La última encuesta de CID/Gallup proporcionó dos datos de suma importancia sobre la Asamblea Nacional de Nicaragua. El primero se refiere al lugar que ocupa el Parlamento en el índice de corrupción en los poderes públicos según la percepción de los ciudadanos, y el segundo a la forma de elección de los diputados.

Según los resultados de la encuesta, la Asamblea Nacional ocupa el tercer lugar en el índice de corrupción gubernamental, con 15%, empatada con los alcaldes (en su conjunto) y la Contraloría, sólo debajo de la DGI que está en segundo lugar con 17%, y de la Presidencia de la República que marcha a la cabeza con un índice de 40% en la percepción ciudadana de la corrupción gubernamental.

El otro dato de la encuesta de CID/Gallup sobre la Asamblea Nacional, indica que la abrumadora mayoría de los ciudadanos -71%- opina que los diputados deberían ser electos de manera nominal, y no por medio de listas cerradas que presentan los partidos, como es hasta ahora, lo cual no les permite escoger a sus representantes entre las personas que ellos quisieran y que les parezcan las más idóneas.

Tanto el sistema de elección nominal como el de listas de partidos son básicamente democráticos, pues en ambos casos los diputados son electos por medio del sufragio popular. Pero en el sistema de elección nominal los electores votan directamente por personas que se postulan en circunscripciones, distritos o zonas electorales claramente establecidas, en tanto que en la elección por medio de listas -cual es el método que se usa en Nicaragua-, el ciudadano no elige a los candidatos de su preferencia sino que vota a ciegas por los paquetes que presentan los partidos.

Por otra parte, mediante la votación nominal los ciudadanos no sólo pueden manifestar sus preferencias directamente por cada uno de los candidatos que les parecen idóneos, e ignoran a los que no satisfacen sus expectativas, sino que también al saber cada elector por quien votó tiene más posibilidades de reclamar el cumplimiento de los compromisos, mientras que en las votaciones por listas es mucho más difícil pedir cuentas porque se eligió a representantes de todos en general pero de nadie en particular, y en este caso los diputados obedecen únicamente a sus partidos.

Es muy probable que si los diputados nicaragüenses fuesen electos en forma nominal por los ciudadanos, y por lo tanto éstos tuvieran más posibilidades de controlar a sus mandatarios, se podría elevar la calidad de la función legislativa y no serían sólo unos pocos los parlamentarios que se destaquen positivamente y muchos los que sobresalgan porque no hacen nada o por los escándalos en que se ven involucrados.

Sin embargo el sistema de elección de los diputados sólo se podría cambiar mediante una reforma legal aprobada por los mismos legisladores de ahora, o sea por los partidos políticos que tienen representación parlamentaria. Y estos partidos, como es sabido, están interesados más bien en reforzar sus hegemonías sobre la representación parlamentaria, de manera que es prácticamente imposible que acepten una reforma que favorecería a los ciudadanos pero debilitaría el control de ellos sobre los diputados.

Otros aspectos negativos del sistema legislativo de Nicaragua que deberían ser reformados, es el de que los diputados abandonan su función legislativa para ocupar cargos en otros poderes del Estado. Se trata de una práctica viciosa que alienta la corrupción por medio del tráfico de influencias y de altos cargos públicos, y significa un flagrante menosprecio a la voluntad política de los ciudadanos, que los eligen para ser diputados y no para que se vayan a fungir como ministros o magistrados en los otros poderes estatales.

¿Es posible esperar que así como por medio de la reciente encuesta de CID/Gallup los ciudadanos han demostrado un fortalecimiento de su conciencia democrática, también en las próximas elecciones escojan a un número suficiente de diputados íntegros y obedientes a la voluntad popular, que formen una bancada democrática intermedia dispuesta a promover la reforma para el saneamiento y democratización del Poder Legislativo de Nicaragua? Ojalá que así fuese.  

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