Me ha llamado mucho la atención el silencio que LA PRENSA ha guardado sobre el escándalo que estremece al Vaticano con motivo de las numerosas denuncias que han realizado órdenes religiosas sobre violaciones realizadas en contra de monjas por parte de misioneros católicos, principalmente en África.
Estimo que un diario a la vez que tiene derechos, como el de la libertad de expresión, que si bien es cierto no termina de delimitar sus fronteras, por otra parte tiene un deber aún mayor con sus lectores y es el de informarles sobre todo lo que ocurre en el país y en el mundo. Esto demanda una clara objetividad y no sólo en la presentación de las noticias que manejan, sino en que se presenten de todas las noticias que ocurren.
Este silencio nos pone a pensar que existen personas, asociaciones o sectores, que tienen prerrogativas en cuanto a lo que se puede publicar sobre ellos. Si la Iglesia Católica es intocable y solamente se pueden publicar noticias sobre lo que ellos manejan como verdad, pero se oculta lo que ocurre en la realidad, contradiciendo esa verdad, entonces puede suponerse que existen funcionarios públicos, amigos o familiares que al momento de participar en algún suceso, tienen el privilegio de no salir a la luz pública.
Hace un mes o dos, ocurrió la muerte de un joven en circunstancias muy extrañas y me llamó la atención que en la mayoría de los medios de comunicación no se mencionó absolutamente nada sobre ese suceso, salvo un obituario pagado por la familia. Sin embargo, hemos tenido que seguir muy de cerca, lo relacionado con el acoso sexual de parte de un funcionario de una universidad o el escándalo de la quiebra de Bancafé.
Les pregunto, ¿existen privilegios derivados de la libertad de expresión?
Yolanda Arróliga
[email protected]
NOTA DEL EDITOR
En efecto, la libertad de expresión significa también dar a conocer todo acontecimiento que tenga valor noticioso.
Pero no se puede publicar todo lo que ocurre sencillamente porque no hay espacios. Por eso, todos los medios escritos, radiodifundidos o televisados, nacionales o internacionales, seleccionan el material que publican de conformidad con sus criterios periodísticos y con el perfil del medio y de sus usuarios, en términos generales.
En el caso de la noticia sobre monjas supuestamente violadas por sacerdotes católicos en Africa, el editor correspondiente consideró que había otras informaciones más relevantes. Podemos asegurarle a la señora Arróliga y a todos nuestros lectores que en LA PRENSA no se practica la autocensura ni se admiten presiones de nadie, persona o institución. Pero tampoco sobredimensionamos las noticias ni hacemos campaña políticas e ideológicas a favor ni en contra de nadie.