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PARIS.- Más de quinientas salamandras de más de 150 millones de años de antigüedad fueron descubiertas en el norte de China, extraordinariamente bien conservadas gracias a una erupción volcánica que llenó súbitamente de cenizas calientes un estanque, transformándolo en una suerte de “Pompeya de los anfibios”, anuncia el jueves la revista Nature.
Todas las salamandras, descubiertas por Ke-Qin Gao, del Museo de Historia Natural de Nueva York, y Neil Shubin, de la Universidad de Chicago, fueron petrificadas en una pequeña superficie (apenas diez metros cuadrados), como ocurrió en el año 79 con las víctimas de la erupción del Vesuvio en la ciudad romana.
La especie recibió el nombre científico de “Sinerpeton fengshanensis” (Sinerpeton: del greno “sino”, chino, y “herpeton”, animal rampant, y fengshanensis, por el lugar del descubrimiento, Fengshan, de la provincia de Hubei).
Todos los esqueletos están perfectamente conservados hasta en sus mínimos detalles, y aportan por ello informaciones preciosas sobre las formas más antiguas de los anfibios.
Revelan, por ejemplo, que esos pequeños animales, contemporáneos de los dinosaurios, casi no se diferenciaban de sus equivalentes modernos, y que su morfología permaneció “fundamentalmente estable” desde el Jurásico superior, señalan los científicos.
Las salamandras, pertenecientes a la orden de los urodelos, son animales anfibios, como los anuros (sapos, ranas) y los ápodos (anfibios sin patas).
Los anfibios pasan la fase larvaria en el agua y la fase adulta en el agua o en tierra.
Una parte de los fósiles encontrados, los bautizados “Sinerpeton fengshanensis”, presentan signos de neotenia, es decir que aparecen en estado larvario permanente aunque alcanzaron la madurez sexual. Los otros, que vivieron una metamorfosis completa, fueron clasificados bajo el nombre de “Laccotriton subsolanus”.
La neotenia en los anfibios fue descripta hace cien años al ser estudiado un anfibio moderno, el axolotl de México. Este animal era el mayor enigma al que se veían confrontados los científicos hasta el día en que observaron que, aunque nunca realiza la metamorfosis, el axolotl se transforma efectivamente en anfibio.