- El formidable intermedista
leonés considera que pudo haber llegado a las Grandes Ligas
Edgard Rodríguez C. [email protected]
El jugador de mejor instrumental físico aparecido a finales de los años setenta, tuvo su etapa de esplendor y grandeza en los ochenta. Y cuando se marchó en la década pasada, lo hizo sin hacer mucho ruido mientras se ocultaba entre las sombras.
Julio Medina, quien pudo reunir en su diminuta figura todo el talento, carácter, coraje y determinación para trascender, ha regresado a la luz pública. Es el director del Instituto Municipal de Deportes de León, donde también espera dejar huellas.
Medina fue espectacular con su guante, eficiente con el bate, rapidísimo en los senderos y certero con su brazo. Ha sido sin espacio a dudas, la mejor aproximación al pelotero ideal e influyente, aparte de haber contado con una gran ética de trabajo.
Ahora luce circunspecto -como lo fue también sobre el terreno- detrás de un escritorio en una modesta oficina adornada con unos trofeos y algunos materiales deportivos. Ha llegado con el afán de ser útil, tanto como lo fue para el béisbol.
Medina decidió conversar para LA PRENSA, en la primera de múltiples entrevistas con figuras que brillaron en el béisbol en el pasado. Y motivado por innumerables mensajes que han preguntado ¿dónde están ahora?, aquí vamos con Julio.
Saliste del juego con mucho sigilo y luego te ocultaste, ¿por qué?
“No. Lo que pasa es que mis rodillas no me permitieron continuar aun cuando yo estaba seguro que podía rendir. Eso me frustró un poco y decidí dedicarme a la agricultura. De ahí me han sacado para venir a colaborar desde este puesto”.
¿Y tuviste éxito como agricultor?
“Pues me ha ido bastante bien, porque incluso ahora mismo tengo cosecha de chiltomas. También sembré maíz y sorgo. Es una actividad interesante que demanda mucho tiempo y que ahora desatenderé un poco por esta responsabilidad que tengo”.
¿Y como director del Inmude, en que consiste tu trabajo?
“Por ahora estoy ordenando un poco las cosas a lo interno en la oficina y a la vez laboro en la formulación de algunos proyectos que junto a Ariel Delgado, Silvio Silva y Alvaro Muñoz pretendemos sacar adelante. Hay mucho por hacer”.
Hablemos del béisbol, ¿recordás como te iniciaste?
“Claro. Mi papá era coach de un equipo Mayor A y yo lo acompañaba siempre. Un día estaban incompletos y entré de relleno. Lucí bien y “Chu” Quintana me llevó a los Mets Jr, desde donde salté a Primera División. Aquel juego fue en 1974. Tenía 13 años”.
¿Qué pasó en tu debut, cómo fue?
“León tenía cuatro camareros. Juan Bautista Cardoza, Noel Martínez, Mario García y yo que era el más nuevo. Un día Cardoza se peleó con Ernesto López y fue expulsado, y el Dr. Oscar Larios no tuvo de otra que ponerme a mí”.
¿Y qué hiciste?
“Batee de 2-2, un hit a los jardines y otro dentro del cuadro ante Juan José Espinoza. Yo pesaba 120 libras y por supuesto que estaba nervioso. Pero jugué bien, aunque Larios dijo que un partido no era suficiente para considerarme bueno”.
¿Entonces cómo llegás a ser titular?
“Bueno, es que en esa época, el Dr. Larios pasaba más tiempo suspendido por sus pleitos con los jueces que con el equipo y ´Chu´ Quintana nos ponía a jugar a los más chavalos que éramos Panal, “Cachirulo”, Jairo Baldizón y yo. Cuando volvía Larios, nosotros íbamos de nuevo a la banca y jugaban Fierro, Hilario y todos los viejos”.
¿Cómo llegaste a ser tan buen pelotero?
“A base de disciplina, entrenando con abnegación. Siempre me gustó entrenar. Fui un jugador de mucho orgullo y eso me obligaba a lucir bien. Para algunos fue muy duro, pero es que me gustaba que las cosas se hicieran bien”.
¿Nadie de los actuales se aproxima a vos?
“No he visto otro Julio Medina, aunque debo reconocer que Edgard López es un gran jugador. Es un profesional. Se parece mucho al estilo de juego que yo tuve, pero Julio Medina, fue Julio Medina. Otro como yo no lo he visto”.
¿Mejor que Rafael Obando?
“Siempre le he tenido mucho respeto y lo considero mi maestro, pero creo que lo superé. Incluso, ustedes mismos han llegado a esa conclusión. Dicen que él era más rápido que yo pivoteando, pero yo resolvía con mi brazo”.
¿Qué impresión tenés del béisbol actual?
“Sin ánimo de molestar a nadie, lo mejor que vi fue el pitcheo de los setenta y como ese no ha habido. Porfirio, Moya, Lacayo, Juárez, Oviedo, Paco Gomez y Luis León Poveda eran otra cosa. Ahora es distinto. Es más suave”.
¿En ningún sector se es mejor ahora?
“Cómo no. Aquí hay jugadores buenos como Norman Cardoze y Jorge Luis Avellán, por ejemplo, que hubieran sido buenos en cualquier época. Es decir, hay bateadores de gran nivel, pero el pitcheo de antes fue muy superior”.
En los ochenta se te consideró casi símbolo, incluso, político. ¿Te agradó eso?
“No voy a negar que mi ideología es sandinista, pero ante todo soy un jugador de béisbol y llegué a ser símbolo pero del juego. Ahora, soy sandinista pero no de los radicales, como algunas personas han llegado a creer”.
¿Qué pretendés en este trabajo?
“Servirle a la gente y apoyar la práctica de todos los deportes. Vieras la demanda. Es que como ahora el carácter del director (del Inmude) es distinto al de antes, la gente tiene más confianza en venir a pedir y vamos a ver qué podemos hacer”.
La última vez que vimos a Medina sobre el terreno de juego, fue en una Final entre San Fernando y Bóer. Tenía una rodilla lastimada, pero probó que era capaz del gesto más heroico por su equipo, como lo hizo siempre.
¿POR QUE NO FIRMASTES?
“Aquí vino Bill Clark de los Rojos que deseaba ver a Rafael Lacayo y a Kurt Ellis, pero se encontró conmigo y me propuso que me fuera clandestino hacia Honduras, que desde ahí me llevarían a EEUU, pero no lo hice y no estoy arrepentido”.
¿Seguro que no lo estás?
“No, si jugando aquí le dí muchas emociones a mí país, aunque claro, a veces veo la TV y me digo esas jugadas yo las pude hacer… Es cierto, soy bajo, pero también Joey Cora es chaparro y estuvo su rato. Sin ser alardoso, sé que pude ser big leaguer”.
¿Qué pitcher te impactó más?
“En el extranjero Nagatomi y a nivel nacional, Julio Moya. Aunque claro, los cubanos eran buenos y con recursos, pero Nagatomi era puro poder. Ahora, en su inicio, Moya tiraba por encima y era veloz, luego se defendió con “la quiebra bate” como le puso él.
¿Cuál fue tu mejor momento?
“Bueno, tengo muchos. Haber sido de la selección y ser parte en triunfos ante EEUU en Caracas 1983 y Japón en Cuba 1984. Haber disparado jonrón contra Andy Benes. En fin haber sido útil. Y haber sido el mejor jugador que hubo en la década de los ochenta”.