Con lamentable decepción me entero de la decisión del señor Pedro Solórzano con respecto a su respaldo a la candidatura presidencial de Enrique Bolaños; no lo digo por él (Solórzano) como ser humano, él está en todo su derecho de optar por cualquier partido que le ofrezca y satisfaga sus intereses, sino lo digo por el Pedro Solórzano político que señalaba el famoso “pacto” libero-sandinista; una figura joven en la política que representaba confianza a un pueblo que por desgracia está lleno de políticos con “malos hábitos”.
De todo esto hay mucho que deducir y sin mucha dificultad, y ustedes amigos lectores contesten lo siguiente: ¿Se puede creer en alguien así, que hoy dice que 2×2 es 4 y mañana te dice que 2×2 es 8? ¿cuáles son realmente los intereses que un político busca satisfacer? ¿a qué montón realmente pertenece el señor Solórzano?.
Creo que las palabras y los actos tienen que ir de la mano y no jugar con la dignidad del pueblo; el señor Solórzano se cruzó la raya que tanto criticó y señaló en la campaña electoral pasada y sin duda hoy está haciendo uso del famoso refrán -”si tu enemigo es más fuerte que tú, únete a el”-. Con poca probabilidad a equivocarme deduzco que el señor Solórzano no se quiere quedar sin ningún puesto en el gobierno y lo está buscando en cualquiera y de cualquier forma antes que lo deje el tren.
Comparto las palabras del señor Joaquín Cuadra lamentablemente el pueblo “podría pensar que se ha transformado en un político tradicional, un político del montón”.
Quiero aclarar que no tengo nada en contra de los candidatos a la presidencia y de ninguna otra persona y tampoco acuso a alguien de algo, sino lo que indigna es que en su totalidad todos los políticos usan como escudo al pueblo para lograr sólo intereses personales o partidarios.
Sólo me pregunto que si los puestos en el gobierno fueran mal pagados, serían tan codiciados como hoy. Realmente, ¿quieren trabajar por el pueblo o por el salario que reciben? ¿Dónde está la dignidad señores?
Luis Alfonso Mora.
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