El ingeniero Augusto Navarro, en declaraciones honestas, verídicas y valientes, propuso una restauración del presupuesto, rebajando substancialmente los megasueldos de los funcionarios públicos y el señor Presidente de la República, al ser entrevistado por periodistas, los siguió defendiendo, argumentando que los ministros tenían justificado lo que ganaban, porque, unos tenían bajo su dependencia a miles de trabajadores, y otros manejaban millones de dólares, porque ya los córdobas ni se mencionan. Olvidó a los cienes de jefes intermedios y a los asesores y siguiendo ese criterio tienen que subirle los sueldos a todas las cajeras de los bancos y grandes empresas y a los cobradores y en cuanto al número, las Secretarías de Estado, de países cercanos, como México o lejanos como la India o la China Continental, deberían ganar sueldos estratosféricos.
Nadie discute que quien trabaja, debe ganar bien, pero el problema es la desproporción entre unos y otros empleados y la extrema pobreza a que hemos llegado, teniendo que completar el presupuesto de egresos, con préstamos o donaciones y dependiendo casi totalmente de impuestos indirectos donde por ejemplo, paga lo mismo un millonario que un maestro de escuela por un tanque de gas para cocinar.
José Antonio Tigerino Altamirano
Abogado.