Juan Ramón Castillo Barreto*
En el comportamiento de los grupos humanos y en algunos casos de miembros del reino animal que conviven en manadas, podemos observar el respeto y sometimiento a la autoridad constituida o aceptada por los integrantes de dicho grupo.
Cuando uno de sus miembros no sigue las reglas del comportamiento en cuanto a las relaciones con el grupo y sobresale sobre los demás compitiendo con la imagen del jefe, éste lo pone en su lugar, pues considera que se le “quería ir arriba”, lo cual no es permitido dentro de las “reglas del juego”.
En muchas familias donde uno de los miembros quiere por ambiciones personales sustituir antes de tiempo al jerarca o patriarca, es “enjuiciado” y apartado, en algunos casos para siempre o pasan muchos años para poder ser aceptado, si es que lo hacen.
En las empresas igualmente, cuando un gerente inseguro siente que su segundo u otro alto ejecutivo le está quitando imagen frente a los dueños, con sutileza o sin ella trata de hacerlo quedar mal para que dejen de pensar en él o bien que lo corran de una vez por todas.
En política sucede lo mismo. Para seleccionar el gabinete del Presidente Bush, decían los comentaristas políticos del CNN, que se habían utilizado como parámetros que fueran leales a la familia Bush, que no ocuparan la imagen del presidente y finalmente que fueran preparados con experiencia en el cargo asignado.
Como podemos ver, lo de no opacar la imagen del jefe juega un papel importante para la supervivencia en cualquiera de las situaciones mencionadas.
La fórmula difícil está en lo siguiente: ¿hasta dónde se puede sacar la cabeza para que lo tomen en cuenta, pero no tanto para que “se la corten” por estar opacando la imagen del jefe?
Nuestra historia política está llena de casos de personas que no supieron manejar esta difícil fórmula y fueron apartados, pasando a formar parte del grupo de los resentidos o bien integraron un nuevo grupo donde se eligieron jefes de una vez. Lo anterior también es el origen de muchos grupos religiosos que existen en el país.
Algunas ideas para resolver esta fórmula podrían ser las siguientes: preparación continua, ganarse el respeto de los demás, aceptar derrotas pero con la visión de que ganaremos la batalla, ejercer el liderazgo natural sin opacar al jefe, ser leal al grupo y su líder y sobre todo tener mucha paciencia, pero con un plan estratégico que nos permita evaluar si lo que estamos haciendo en cada momento, nos está conduciendo hacia el objetivo propuesto.
Aprendamos de los que han sabido resolver esta fórmula y han llegado a conquistar el poder en cualquier tipo de actividades.
* Consultor de empresas.
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