Nicaragua es el país latinoamericano que se ha caracterizado por tres cosas:
1. Pedigüeño como ningún otro.
2. Gobiernos dictadores o corruptos.
3.Funcionarios públicos con megasalarios.
De estas tres características la de los megasalarios es la que golpea más duro al pueblo trabajador.
El salario que devenga cada integrante de la alta esfera gubernamental no debería llamarse “megasalario”, simplemente hay que llamarle el “salario vulgar”, y no solamente constituye un crimen social y una tragicomedia, sino que es un total irrespeto, abuso y burla a la población trabajadora, que devenga salarios de hambre y con una gran carga impositiva para mantener estos salarios vulgares de los funcionarios públicos del presidente.
El ciudadano Luis Durán, irónicamente coordinador de la Estrategia Nacional de Reducción de la Pobreza, se llevado al bolsillo nada menos que 225 mil dólares en nombre de la pobreza.
El pueblo trabajador no debe seguir permitiendo que cuatro empleados públicos se recetan 20 millones de córdobas en salario en solamente un año, tal es el caso de Alemán, Noel Ramírez, Duquestrada y el tal Luis Durán.
Estos “personajes” se autollaman progresistas y son los únicos que pregonan y aseguran que el nivel de vida del nicaragüense va en ascenso.
Para colmo de los colmos, dice el señor presidente que es una mezquindad fijarse en los súper salarios de los funcionarios del Estado, que es la empresa más grande de Nicaragua. Se le olvida a este ciudadano que esa empresa no es de su propiedad y que los millones de millones de dólares que se juegan en el Ministerio de Hacienda, tampoco son de su propiedad.
Es más saludable volver a los “tiempones” a que se refiere este señor, cuando el funcionario de alto rango era alguien adinerado y no la política que nos está imponiendo, de hacer millonarios a un funcionario a costilla de nuestros impuestos.
Qué nos importa que un funcionario de una empresa privada devengue salarios millonarios. Ese es problema de propietario de esa empresa, que se puede dar ese lujo. Pero el titular de la empresa del Estado nicaragüense no se puede dar el lujo de derrochar nuestros impuestos, ni de jactarse de pagar salarios ofensivos.
Personas como éstas son las que temen el retorno al poder del FSLN, quien contará con el apoyo de todo un pueblo trabajador para iniciar su gobierno confiscando a todos y cada uno de los beneficiados con los megasalarios.
Pero Nicaragua es Nicaragua, y… ¡Vivan nuestros gobernantes!.
Dr. Jaime A. Pastora R.