Día del Periodista en el ayer

Joaquín A.Pastora*

Primero, salir con la historia de lo vivido para contribuir con el ánimo de limar en unanimidad.

Debemos señalar la creciente aspiración de enmendar entuertos. Para ninguno de los integrantes de las generaciones anteriores de periodistas es desconocido el esfuerzo natural de abogar —aunque sea en esperanza—, clandestinamente por la unidad y la preservación de la identidad gremial.

Cuando se realizó aquella gran Asamblea en Granada con la cual se rindió homenaje al doctor Pedro Joaquín Chamorro, se logró y con éxito la fundación de la Unión Nacional de Periodistas. Nosotros fuimos fundadores de ella. Guardo la sencilla carpeta de plástico que acredita esta aseveración. Hermoso propósito consolidado por el idealismo resuelto del periodismo independiente de la época, aún de aquél que no estaba profundamente comprometido por la causa de la liberación de Nicaragua. Metal precioso inoculado en el broche del llano violado.

El somocismo (para nosotros) desapareció. Brillos integrales contribuyeron a su evaporación. Que haya rasgos de somocismo o rasgos de sandinismo, eso es otra cosa. No vamos a seguir viviendo de las lamentaciones.

La UPN se convertía en entrega total a la Dirección Nacional del FSLN. No había dónde perderse. Y cuando los coros de los poseídos por la arenga gritaban: “¡Dirección Nacional, Ordene!”, pronto se comprobó que se habían instituido varios represores, pronto se comprobó la mortalidad de la crítica independiente, ni siquiera de la crítica constructiva, esa línea pero sólo cuando la lengua esparcía sus entusiasmos más nunca cuando la realidad exigía su aplicación.

La famosa Dirección de Medios se encargaba de fustigar y de amenazar con cerrar al crítico que condenaba la presencia de “estudiantes” que sólo por ser revolucionarios podían llegar al aula universitaria con la contradicción del fusil en la mano”.

La crítica no se podía hacer de ninguna manera, ni aún valiéndose de los enfoques menos sustantivos.

Nosotros, como directores de un medio de comunicación jamás pudimos comprender, ni mucho menos digerir la intencionalidad de advertir crítica, reclamada pero no tolerada.

El caso es que la UPN se volvió y reincidió en lucir siempre lo rojo y lo negro. Y no porque sea indecoroso ser partidario, sino porque una organización periodística, en forma de sindicato o de asociación, no debe ser incondicional de ningún partido por muy celestial que sea.

La UPN, tratando como los recién nacidos de abrir los ojos, descubrió el tamaño del error cometido. El proceso de variación ha producido agendas paulatinamente liberadas en las cuales se afirma la libertad de expresión como algo existente, fundamentalmente porque no existe ninguna ley específica que la restrinja, aunque se habla de penalidades subterráneas con el uso de la publicidad estatal para aquellos medios demasiado abiertos en su crítica al oficialismo. Es algo planteado especialmente por los sandinistas, pero no demostrado.

Saludable es que se hable de anteponer los intereses gremiales a los políticos o partidarios, de sanear la peste dejada por la obcecación. Y ha crecido tanto la idea de irse desprendiendo de las ataduras que en el Congreso de 96 se presentaron estatutos nuevos, inconcebibles en 79.

La APN nació impulsada por la necesidad de fortalecer una opción. Para nosotros lo ideal sería fusionar en una sola las dos organizaciones. La excitación parece tener el tamaño inaccesible de un gran sueño. A estas alturas, sintiendo la realidad en carne propia, no existe ni el clima elemental de unidad, tras la cual podrán irse afinando los instrumentos que en estos momentos producen brusca atonalidad.

Se decía: “yo soy el responsable político. Aquí sólo podemos estar militantes”. Se deliraba con rifle contrastante. Remojar actitudes de esa naturaleza no conduce a nada. Aquello pasó y lo prioritario debería apuntarse en los linderos de la reflexión y del olvido de la espantosa e incongruente polaridad de un gremio al que mejor calza y luce la armonía, por su génesis, por su intelectualidad, por su característica.

*El autor es periodista  

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