Recomendaciones de la OIT y salario mínimo

  • Los documentos de la OIT piden a los gobiernos propiciar el “trabajo decente”. Entendido que éste debe basarse en políticas laborales cimentadas sobre cuatro rocas: la creación de nuevos puestos de trabajo, la mejoría de la seguridad social, el acuerdo entre empresarios y trabajadores y, la revaluación salarial periódica

Bayardo Altamirano López

El año se inició con una escalada de precios.

Subieron la leche, las medicinas, el gas butano, la energía eléctrica y los combustibles. En cuanto los comerciantes y transportistas se sintieron afectados, trasladaron los costos a las espaldas del consumidor. El pueblo es el pararrayos de todas estas descargas. Para colmo los salarios mínimos de los trabajadores han recibido un incremento ridículo que ni siquiera cubre el deslizamiento que ha sufrido el dinero.

Los documentos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) piden a los gobiernos propiciar el “trabajo decente”. Entendido que este debe basarse en políticas laborales cimentadas sobre cuatro rocas: la creación de nuevos puestos de trabajo, la mejoría de la seguridad social, el acuerdo entre empresarios y trabajadores y la revaluación salarial periódica. Magníficos conceptos y bonitas palabras como para ponerlos en las plataformas electorales, pero en el país del pinol, son realidades más lejanas que la galaxia que nos queda más proxima.

Seguramente el Dr. Alemán no tiene tiempo para andar leyendo esos papeles. Ni su Ministro del Trabajo. Andan ambos muy ocupados organizando la campaña electoral del Partido Liberal y sus fuerzas satélites.

Examinemos cómo andan los así dichos cimientos del “trabajo decente” en nuestra Patria. Encontramos que el gobierno ha sido incapaz de reducir el déficit de ocupaciones en el país. Solamente ha creado algunos paliativos de empleos temporales y todo el peso de la tarea se lo ha dejado a la iniciativa privada y al sector informal.

La lógica indica que para que haya trabajo hay que crear empresas. Para que esto suceda debe existir un clima favorable para la inversión, que nadie se ha interesado en crear. Los elevados costos productivos y los impuestos no hacen muy atractivo correr el riesgo. Únicamente crece la actividad comercial, no se desarrolla ni la agricultura ni la industria. Consecuentemente no se consigue trabajo. La gente ya lo entendió y en cuanto puede, con dolor de su alma se marcha del país. Los más afortunados logran llegar a los Estados Unidos. Los menos parten, aunque sea a que los maltraten en Costa Rica.

Sin mayores esfuerzos nos convencemos que la seguridad social ha retrocedido. Las cotizaciones son más altas y el dinero de los cotizantes irá a parar a empresas privadas. El diálogo entre capital y trabajo no existe. El gobierno da el mal ejemplo poniéndose en rebeldía contra las leyes, burlándose de la Corte Suprema y atropellando la Constitución para perseguir a los médicos sindicalistas.

De tal manera que las recomendaciones de la OIT ni se cumplen, ni se han leído y fueron archivados en un folder entre los pendientes urgentes para nunca sin falta.

Ahora después de largas discusiones tripartitas sobre salario mínimo y sin que se ha llegado al consenso, el gobierno decidió aumentarlo en un 12 0/0 como parte de su promoción electoral. Dicho salario no cubre ni la mitad de la canasta básica, o sea no le resuelve al trabajador sus necesidades más pequeñas. Paralelamente los medios informan de los 400 y más altos funcionarios que ganan por arriba de 10 mil dolares, que vienen a significar como 200 salarios mínimos, con la ventaja que no los afecta el deslizamiento de la moneda. En este pobre país quizás sería mejor que dieran una ley limitando los salarios mayores a unos 20 salarios mínimos. Tal hecho estaría más en consonancia con la publicitada entrada de nuestra Patria al grupo de países inviables de la HIPS y a la necesidad de austeridad de tiempos electorales para dorarle la píldora a los votantes.

* El autor es docente de la UCC.  

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