Pactistas: malos hijos de Nicaragua

Emiliano [email protected]

Es evidente que en Nicaragua se está fraguando el continuismo dictatorial apoyado en el pacto libero-sandinista. Está en peligro la naciente democracia así como la institucionalidad del país; lo poco que se ha logrado democráticamente va en un retroceso muy peligroso.

Los pactistas han venido eliminando a los adversarios que ellos ven como una fuerza competente para las próximas elecciones. Buscan cualquier argumento para inhibir a sus adversarios, sin importarles violar las leyes y los derechos constitucionales de los ciudadanos. Pero los nicaragüenses, testigos de pactos nefastos ocurridos durante el transcurso de nuestra historia, entienden muy bien cuales son los objetivos de los pactistas: Repartición de cuotas de poder; violación de los derechos ciudadanos; impunidad y continuismo. Lo menos que han hecho los pactistas es respetar los derechos ciudadanos, pero descaradamente sostienen que pactan por el bien de Nicaragua.

Repugna observar cómo muchos funcionarios se jactan de ser defensores de los derechos ciudadanos, cuando lo único que han hecho dentro de sus funciones ha sido enriquecerse a cualquier costo. Pero argumentan que siempre han sido “honestos” y achacan los señalamientos de corrupción a los medios de comunicación, olvidando que por culpa de ellos, que se apropian de los recursos del pueblo, más de la mitad de los nicaragüenses no tiene empleo y clama por los servicios básicos elementales. ¿O acaso el ‘slogan’ oficial del gobierno que dice “Obras… No palabras” se refiere al bienestar de los pactistas y al grupo de cercanos al gobierno liberal? En realidad, así es.

Los nicaragüenses que queremos realmente un cambio para nuestra patria tenemos el deber y la obligación de oponernos a las arbitrariedades de caudillos que sólo piensan en sus beneficios personales y partidarios, olvidándose que el pueblo los elige para gobernar y dar solución o por lo menos tratar de responder en alguna medida a las demandas más sentidas de la población.

Ya sabemos que el poder corrompe, pero es necesario que nuestro sistema gobernante haga un alto y detenga tanto abuso, corrupción y manoseo a las leyes, a las que están reformando a su gusto y antojo solamente por su codicia. ¿Acaso los medios de comunicación que se deben al público están obligados a callar las arbitrariedades de este gobierno? Pues no. Los medios independientes, que desde luego tienen ética, tienen también y por eso mismo la gran responsabilidad de atacar la corrupción, la impunidad de cualquier gobernante y las calumnias que pretendan lesionar la libertad de expresión.

No se trata de criticar por criticar al gobierno, la verdad es que los grandes escándalos de corrupción no paran, continúan, pero el gobernante los justifica porque según él sólo son raterías, en comparación con actos de corrupción de gobiernos anteriores.

La impunidad, los pactos y la corrupción se acabarán cuando el país sea dirigido por hombres y mujeres que de verdad amen a Nicaragua.

* El autor es periodista.  

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