Hijalmar Padilla [email protected]
Más de 70 testimonios revelan lo desastroso que todavía hasta hace poco, transcurrían los días de su vida.
La historia de Miguel Angel Arcia Mendoza, mejor conocido en el ámbito de la crónica deportiva como “Michanguelo”, bien encaja en un argumento principal cinematográfico de miseria y drama.
Específicamente en el de aquel exitoso filme brasileño de los años 80’ titulado “Pixote”, en el que se reflejaba en toda su dimensión las tribulaciones de un niño desafortunado, mal comportado. De la calle.
“Un 21 de octubre de 1998, hace dos años, me presentaron a Jesucristo. El cambió mi vida. Lo amo, es todo para mí ahora”, dice Arcia Mendoza mientras promociona la dicha que disfruta en la actualidad, producto de su fe en el cristianismo tras atravesar una vida de perro en sus años pueriles.
El popular “Michanguelo” atravesó en carne propia la rudeza de la vida en el bajo mundo de la vagancia, el vicio y el delito.
Pero, el encuentro con Dios ha fortalecido su personalidad, un comportamiento que de antemano ha tomado rumbos extremadamente diferentes desde antes de que hace dos años se convirtiera en cuerpo y alma a la religión.
“La pobreza ha sido mi eterna compañera. Sin embargo, ahora soy rico. Tengo lo que no tienen los 1,000 empresarios más prósperos del país y es el amor de Dios”, asegura con abundante felicidad.
En medio de su infortunio, Miguel Angel Arcia es un luchador de primera línea.
Un emprendedor que constantemente se juega el físico en busca de la superación personal y de una vida más digna.
Tuvo un fugaz paso por el boxeo aficionado y profesional. Ese trayecto lo cruzó en cinco años entre 1973 y 1978 con 16 peleas, 13 triunfos y tres derrotas ya como púgil rentado.
Empero, “Michanguelo” hace 10 abriles decidió participar en un terreno de competencias distinto: en el combate de los conocimientos deportivos dentro del periodismo especializado en la actividad del músculo y el talento.
“No me enseñan dos veces. Soy rápido para entender”, dice este esforzado periodista deportivo que a duras penas alcanzó el sexto grado de los estudios primarios.
Las mismas exigencias y menesteres de la vida lo obligan diario explotar su talento sobre todo a través de una habilidad natural para prepararse autodidácticamente.
Este don le ha permitido junto al Tricampeón Mundial Alexis Argüello y Yáder Valle fundar programas radiales como Fuera Second.
También revistas especializadas como Nocáut, cuyas ediciones se ampliaron hasta 18 números en el lapso de tres años entre 1994 y 1997.
Luego de además probar suerte en Televisión, en los Canales 8, 6 y 23, la Revista Nocáut vuelve a los estantes nacionales en febrero.
A FONDO CON “MICHANGUELO”
—¿Bueno sobre el ring?
“No tanto, pero pegaba duro ‘pofito’ ”.
—¿Y fuera del cuadrilátero?
“Campeón, pero en los juegos de azar”
—¿Qué te hubiera gustado ser?
“Quizá médico, con un título profesional. El problema es que no soy consistente. En cuanto estoy aquí ando por allá”.
—¿La amistad con Alexis?
“Nació siendo su sparring, porque yo era caprichoso, ideal para tal tarea. Verdaderamente he sido su amigo en las buenas y en las malas”.
—¿Aventado?
“Ve, yo he hecho de todo. Y estoy dispuesto hacer de todo, menos malandrín, para ganar dinero decentemente”.
—¿Cómo eras?
“Un chavalo de barrio, pendenciero y jugador. Aprendí a beber a los 13 años”.
—¿Por qué?
“Quedé huérfano desde muy temprano. Estuve recluido en un reformatorio y sufrí mucho allí. Provenía de una familia en la que mi papá era un analfabeto, bebedor y que maltrataba a las mujeres”.
—¿Tú comportamiento?
“Mi vida no ha sido estable y se refleja por ejemplo en que he vivido en muchos lugares Achuapa, Chinandega, Chichigalpa, León, Somoto, Managua…”.
—Pero… ¿Has cambiado?
“Fui de todo y no tengo problemas en confesarlo. Que la gente sepa que incluso le pegaba a mi mujer. Por fortuna, con la ayuda de Dios he cambiado. Estoy convencido de que se puede ser feliz aún siendo malo. Es decir que hay tiempo para reflexionar, arrepentirse y conseguir la paz”.
—¿Fuiste mujeriego?
“No. Tuve bastante, pero no al exceso. Me atraía más el juego y hacer dinero”.
—¿Rijoso?
“Más por billetes que por rijo. Casi no perdía”.
—Entonces… ¿buen jugador?
“Aprendí hacer trampas, casi nunca fui limpio porque siempre quería ganar”.
—¿Cómo nace ese afán por el dinero?
“Lo cultivé desde chiquito. Permanentemente me inculcaban aquello de que: ‘tanto tenés, tanto valés’ y además de que ‘si no tenés un título no sos nada en la vida’”.
—¿Eso te ayudó?
“Quería ser algo y buscaba cualquier manera para lograrlo. Siempre asumí el reto de salir del ‘no sos nada’”.
—¿Ahora feliz?
“Me doy cuenta de que la felicidad existe y no es un mito. Porque si existe la tristeza también existe la felicidad. Soy feliz en medio de cualquier circunstancia. Antes si no andaba con dinero me ponía nervioso, histérico. Era infeliz y atropellaba a los demás”.
—¿La ayuda del cristianismo?
“Mucho, en amar a mi esposa e hijos. A pedir perdón y olvidar el rencor contra la personas que me habían hecho daño”.
—¿Qué es lo malo?
“Que cuando ya estamos establecidos no olvidamos de los que nos ayudan. Eso es ser mal agradecido. Una ingratitud. El mal agradecido es un infeliz”.
—¿Lo bueno?
“Que el feliz no necesita pasar sobre nadie para ser lo que desea y que la gente se lo reconozca”.
—¿Lo más duro?
“No encontrar amor en mi familia desde niño”.
—¿Lo mejor en el cristianismo?
“Hablar con Dios. Me sucedió hace como año y medio”
—¿Qué ocurrió?
“Me habló y me dijo: ‘Nunca has estado solo, nunca te he abandonado. Siempre he estado contigo’”.
—¿Tu mayor sueño?
“Lograr la vida eterna que sé que de verdad existe”.