- Por haberse politizado en gran parte la educación, descuidamos que como células vivas del cuerpo social al que pertenecemos, individualmente cada uno tiene su función y que sólo cumpliéndola en normal libertad es que el pueblo del que formamos parte puede desarrollarse, prosperar y vivir a cabalidad
Migdonio Blandón*
Sin riesgo a equivocarse se podría decir, que uno de los pueblos más politizados de América es el de nuestra querida Nicaragua. En los sectores urbanos antes de aprender a leer, ya se tiene opinión y filiación partidaria; y en las zonas rurales, en la década de los 80, la única vez que se ha hecho una campaña de alfabetización nacional fue con textos especiales de finalidad revolucionaria y como estrategia para imponer sus principios.
La Constitución de la República, entonces reformada, concedió el derecho al voto a los jóvenes en general y sin ninguna preparación, a la edad de 16 años con finalidad política exclusiva ya que posteriormente con el uso pleno de tal derecho se aprobó la ley de protección a la niñez, que les exime de procesos judiciales hasta haber cumplido los dieciocho, lo que por falta de una buena educación ha proliferado en la delincuencia juvenil.
Quizá la extremada politización se haya originado por las sucesivas guerras intestinas desde la independencia a la fecha; y que en resumen, casi siempre ha sido sin otra finalidad que la lucha por el poder. Con rarísimas excepciones, los políticos al conquistar el poder, asumido esto, lo han utilizado más que todo para su propio beneficio y el de sus camarillas, extensivo a sus adeptos, sin importarles mucho el pueblo y menos su educación.
Pareciera que la ignorancia para fines politiqueros de cierto modo les beneficia, ya que la ciudadanía bien educada y que debidamente se prepara a la lucha por la vida, sabe apreciar la libertad individual y distinguir mejor lo conveniente; aunque a veces, cuando el sentido de libertad y los conocimientos adquiridos, convergen a la egolatría, con la panorámica del aparente éxito en las élites de poder, muchos se quieren integrar o formar su propio círculo.
Aunque apene decirlo, la mayoría del pueblo politizado, vive a la espera de lo que su gobierno o sus candidatos aspirantes al poder les ofrecen; y su vida la adecúan a los frecuentes cambios que se dan; y así muchos, sujetos a tal dependencia se descuidan del trabajo y esperan que el gobierno de turno les solucione todos sus problemas.
Por esa enfermiza adición casi generalizada, no se ha logrado encauzar por la educación el sentido genuino de la política auténtica, en que los políticos como seudo-gobernantes reconozcan que al ser electos para asumir el gobierno asumen también la responsabilidad de administradores del pueblo por tiempo determinado, estando obligados a ajustarse a cabalidad a derechos y deberes que las leyes otorgan a gobernantes y gobernados.
Pero por haberse descuidado y politizado en gran parte la educación, descuidamos que como células vivas del cuerpo social al que pertenecemos, individualmente cada uno tiene su función y que sólo cumpliéndola en normal libertad, es que el pueblo del que formamos parte puede desarrollarse, prosperar y vivir a cabalidad, contribuyendo a construir la Patria grande que pródiga en potencial riqueza Dios ha querido regalarnos.
Así con el debido respeto a las libertades ciudadanas y mediante una necesaria educación, habiendo siempre honestidad en la administración pública; y la ciudadanía indistintamente trabajando y dignificando el trabajo en todas sus facetas, con armonía, unidos en la diversidad, este nuevo siglo se alcanzaría el pleno desarrollo, proyectando y compartiendo la merecida grandeza no sólo con los países vecinos sino también con el orbe entero.
*El autor es miembro de Eduquemos.
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Controversia:
Agenda básica para la puesta en marcha del Plan Nacional de Educación