José Adán [email protected]
Por primera vez en muchos años, el cierre de un medio de comunicación no es causa de conflicto entre los trabajadores y los dueños del medio. Cuando El Semanario anunció a sus trabajadores, a finales de diciembre del año pasado, que ya no circularía más, ya les tenían preparadas sus prestaciones.
Con el último córdoba pagado al último trabajador, se cerraron los diez años de vida de un periódico que nació a inicios de 1990, y que no soportó la crisis económica que afecta al país.
Según su director Walter Lacayo, El Semanario no cerró de manera dramática como ha pasado con otros periódicos como Barricada y La Tribuna, que cuando cerraron, recibieron demandas y hubo hasta huelgas de hambre de los trabajadores para obtener sus prestaciones laborales.
El Semanario, que nació bajo la tutoría del ex vicepresidente sandinista Sergio Ramírez Mercado, estaba enfocado en los análisis políticos y socioeconómicos del país y cerró por problemas económicos.
“Pero los empleados recibieron todas sus prestaciones y en medio de todo, el cierre tuvo un final feliz”, dijo Lacayo, al expresar que ninguno de los empleados quedó sin sus prestaciones.
Sin embargo, según Lacayo, una de las cosas supuestamente dichas por Sergio Ramírez Mercado a los trabajadores del periódico, es que posiblemente el cierre de El Semanario sea temporal, ya que supuestamente se gestionarán recursos para reaparecer a mediados de este año, con otro formato y en la misma línea editorial.
El Semanario tenía como público meta al cuerpo diplomático, miembros de orga- nismos no gubernamentales internacionales, sector empresarial, catedráticos, profesionales e intelectuales.