Nicaragua necesita de nuestra honestidad

Nicolás Valle G.*

El inicio de un nuevo año es un momento en el que generalmente todos reflexionamos sobre lo que hicimos en el año viejo, los logros y fracasos y lo que nos proponemos hacer en este año que muy recientemente hemos iniciado.

Muchos, al formular sus propósitos de año nuevo, pensarán en primer lugar en ellos, luego en sus familias y amigos y todas aquellas cosas y personas, ligadas a su diario accionar y su porvenir. Eso por supuesto es muy bueno, pero también es necesario que cada nicaragüense piense en Nicaragua y en lo que en este año 2001 puede hacer por el bien de su Patria.

Dado que la corrupción es el cáncer grave que carcome nuestro país, sería bueno formularnos el propósito de actuar honestamente en este año.

Sería importante que este propósito de honestidad fuera tomado en primer lugar por al presidente y su gabinete, pero también por todas las personas que componen los poderes del Estado, esto es diputados, magistrados de la CSJ y el CSE, así como los miembros del colegio de la Contraloría. Pero la honestidad también debería encabezar la lista de propósitos de año nuevo de cada funcionario publico, independientemente del nivel de su cargo e influencia política. Las autoridades militares, policiales y jueces deberían también proponerse ser honestos a toda prueba.

La honestidad necesita ser practicada por cada ciudadano de nuestro país. Honestidad en el líder político y religioso, en el rico y en el pobre, en el intelectual y en el obrero, en el padre de familia y en el maestro. Honestidad en el joven y en el viejo, el ama de casa y el comerciante. Honestidad en todos.

Honestidad también para todo. Honestidad para vender y comprar. Para pagar y cobrar. Para enseñar y aprender. Honestidad para trabajar y exigir trabajo. Honestidad para hacer cumplir las leyes y rechazar el soborno. Honestidad para no traficar con la necesidad del prójimo y no aprovecharse de un puesto o amistades. Honestidad para uno mismo, pero también para los demás.

La honestidad en Nicaragua ha llegado a ser la virtud olvidada por muchos en estos tiempos de crisis, pero también debería ser el motor que nos empuje a pensar en la sociedad y en la Patria y a disponernos juntos a forjar una nueva Nicaragua.

Alguien dirá que lo que necesitamos es dejar de pensar románticamente y luchar por bajar la deuda externa, hacer subir el Producto Interno Bruto, las exportaciones, el ingreso per cápita o bien mejorar la balanza de pagos. Eso es muy cierto, pero antes está la práctica de la honestidad, que puede ser el comienzo de la construcción de una sociedad nueva, en la cual el trabajo y la inteligencia sean las llaves para conseguir oportunidades y que la justicia y la felicidad sean verdaderamente para todos.

* Ingeniero Agrónomo, Profesor titular de la Universidad Nacional Agraria.  

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