- Los ancianos y ancianas que viven en el albergue para personas mayores de esta ciudad reciben la asistencia y cariño de parte de la ciudadanía leonesa que colabora con el mantenimiento del centro
Clarissa M. Altamirano – [email protected]
LEON.- Zoraida Vega Chávez Orozco de 75 años ha vivido la mayor parte de su existencia en el asilo de esta ciudad.
Vega sufre de impedimento físico que no le permite caminar, por lo que dedica su tiempo mayoritariamente a jugar con una muñeca que es su compañía.
Zoraida manifiesta que no recuerda con exactitud la fecha en que arribó a este centro, tiene como referencia que ese día se celebraba la Purísima y fue llevada a ese refugio para adultos mayores por sus familiares.
68 ADULTOS MAYORES
En este asilo se albergan 68 ancianos y ancianas, quienes en su minoría son visitados esporádicamente por familiares. Sin embargo, el cariño que se les niega en este sentido es compensado con la compañía que les brindan estudiantes de secundaria que desempeñan labor social mediante la asistencia al albergue.
SOLIDARIDAD DE JOVENES PARA ANCIANOS
“Los muchachos son las únicas personas con las que podemos platicar, y olvidar nuestras penas”, dijo Micaela Alvarado, quien vive en este hogar desde hace 4 años, a raíz de la muerte por cáncer de su única hija.
Alvarado padece de anemia y no tiene recursos suficientes para comprar los medicamentos (ocho Neurobion) que le recetó el médico.
ENFRENTANDO DIFICULTADES
Maura Mejivar, directora del asilo, dijo que éste se mantiene mediante el apoyo de la ciudadanía leonesa, puesto que la suma de 10,000 córdobas que reciben mensualmente del Gobierno a través de la Primera Dama, resulta insuficiente para satisfacer las necesidades del centro.
Para mitigar la crisis, las religiosas recurren a la empresa privada para pedir ayuda financiera.
“El asilo ha mejorado mucho en cuanto a higiene y alimentación. La administración anterior tenía problemas económicos serios. La mayoría de las personas que viven en este asilo no pagan ni un centavo, pero hay quienes cumplen con una mensualidad de 300 a 400 dólares’’, expresó la directora del refugio de ancianos.
NO DISTINGUEN CLASES SOCIALES
Según empleadas del Hogar, en éste han vivido personas de distintas clases sociales.
Rosita Herdocia Sacasa, a sus 85 años de edad recuerda su anterior hogar, el que se ubicaba frente a la Iglesia Recolección.
“Yo tenía mucho dinero, y mire donde estoy. Nadie me viene a ver, ninguno de mis sobrinos. Mi hermana Hermelinda era quien estaba conmigo, pero hace dos años murió en este, aquí”, expresó.
Las personas que cuentan con recursos pagan una mensualidad de 400 dólares mensualmente, cuota que les permite tener personal a su disposición exclusivamente.
RECURSOS INSUFICIENTES
La partida de 10,000 córdobas que recibe del Estado el asilo leonés resulta insuficiente para responder a las demandas de los albergados. La mayoría de éstos no pagan por vivir en el centro y quienes cuentan con recursos pagan entre 300 y 400 dólares.
DE CORRECCIONAL A ASILO
– Antes de ser asilo fue casa correccional de mujeres, fundada el 30 de enero de 1905.
– La municipalidad presidida por Crisanto Aguilar y el doctor Ernesto Buitrago, síndico municipal, cedió a la Junta Directiva de El Buen Pastor la Casa Cabildo, para uso indefinido del Correccional de Mujeres y Obreras.
– Otrora casa correccional Este sería dirigido por las religiosas. En 1913 el domicilio fue convertido en casa cabildo de Sutiaba, construida de paredes de adobe y techo de tejas. En los corredores estaban ubicados tres cañones, uno por cada corredor.
– Los cañones y la tronera se trasladaron a Momotombo, donde entraban los piratas que venían por el Mar Pacífico. De estos cañones existe todavía uno en el jardín del hogar.
– La junta directiva era integrada por Jilma Valladares, Elia de Saravia, Tere de Icaza, Alicia de Sandino, Yolanda de Valladares, Nely de Ortiz, Nubia Mayorga, Alina Berríos, Angélica Terán.
– Una de las personas que contribuyó en gran medida con el funcionamiento del asilo fue Eulogia Aldivi Pastora (q.e.p.d.), quien se mantuvo en el hogar en sus últimos días de vida al lado de las religiosas. Pastora falleció el 10 de febrero de 1998.