Antes se unían para hacer nada y terminaban haciendo daño a otros o a ellos mismos. Ahora se reúnen para ir a la asamblea y dar sus testimonios, acerca de cómo el amor de Dios y el de sus prójimos ha cambiado sus vidas. (Abajo) Estos jóvenes decidieron vivir una nueva oportunidad.

Iglesia respalda rehabilitación de jóvenes en riesgo

Coprosa ayuda a ex pandilleros y les ofrece una esperanza Rosario Mendoza Corea [email protected] Un ayer que marcó el cambio en sus vidas y un dolor que permitió reflexionar sobre sus errores, fue quizás un mal necesario para que muchos jóvenes puedan caminar con certeza, atisbando un futuro mejor y llevando su mensaje a otros. […]

  • Coprosa ayuda a ex pandilleros y les ofrece una esperanza

Rosario Mendoza Corea [email protected]

Un ayer que marcó el cambio en sus vidas y un dolor que permitió reflexionar sobre sus errores, fue quizás un mal necesario para que muchos jóvenes puedan caminar con certeza, atisbando un futuro mejor y llevando su mensaje a otros.

Erika María Ibarra González, habitante del lugar, afirma que en este barrio las noches son bastante peligrosas. Si los pandilleros piden un córdoba a una persona y ésta no se los da, lo golpean y hasta lo dejan desnudo, todo es terror en horas de la noche, por eso está muy buena la labor que realiza la Iglesia con los jóvenes, afirma.

“Ellos quieren cambiar pero se deprimen porque no tienen alternativa. Coprosa, hasta a las mujeres nos enseña cómo criar a nuestros hijos y cómo encauzarlos para que no anden vagando, dice.

El licenciado Moskardo Zepeda, director de Coprosa, informó que la Iglesia Católicatrabaja en la rehabilitación de los jóvenes y desde hace seis meses imparte talleres de reflexión cristiana y social en el lugar.

La idea es trabajar con 323 jóvenes, algunos pandilleros, otros que andan en otras situaciones difíciles.

Los talleres pretenden que decidan si quieren cambiar para ayudarles, y entrenarlos para buscarles oficios técnicos.

“Ya tenemos los planes de estudio concretizados con los colegios y posterior a que se capaciten, ellos podrán tener su propio taller”, dijo Zepeda.

Las mujeres tendrán talleres de corte y confección, cocina y otros oficios. Habrá quienes se formen como ayudantes o técnicos en la construcción, a quienes pondremos en coordinación con la Cámara de la Construcción para que los coloquen apenas salgan de graduarse, en unos seis meses o un año, dijo.

Zepeda indicó que construirán un club de jóvenes para que lleguen a bailar, a leer, a ver películas con sus familiares. Ya tienen equipos deportivos para que los muchachos se integren al deporte.

TRES TESTIMONIOS

“Caí preso por daños a la propiedad, me acusaban de un robo que no había cometido. Intenté meterme a las drogas, a la pega, a robar. Me señalaban como pandillero porque andaba con chavalos que cometían actos vandálicos y la Policía me agarró tema. Caí por pandillero pero fue que me confundieron. Salí en noviembre pasado y volví a caer. La primera vez me involucraron con un robo. La última vez que estuve preso, fue por sospecha de homicidio. Ese día mi papá me había dicho que no saliera pero no hice caso y me fui a ver a mi novia cuando me agarraron. Lloré y lloré como nunca en la vida; no pienso volver a la cárcel, dice Walter Manuel López, un joven que se está rehabilitando socialmente por medio de la Iglesia Católica en el Barrio Nueva Vida.

Walter dice haber encontrado una respuesta ahora que la Iglesia por medio de Coprosa, está ayudándoles a mejorar su vida.

Cuando estuvo preso se dio cuenta que no hay amigos y que sólo su familia sufre por su comportamiento, por eso, “ya no pienso volver a tener ese tipo de amigos porque por mucho tiempo me dejé llevar por ellos”.

Para llegar a esa conclusión el joven pasó por muchas cosas, dejó de estudiar, su esposa lo abandonó y tuvo que sufrir cárcel.

“Yo les digo a los jóvenes que se compongan como lo estoy haciendo porque la vagancia no deja nada. Que no pasen esa experiencia, pidió al expresar que con los planes de Coprosa podrá tener un taller y trabajar en buena ley, sin renunciar a tratar de ser médico.

Manuel Antonio Ticay, otro de los muchachos del Barrio Nueva Vida, recuerda que “anduve en las vagancias, robando, haciendo daño a la gente. A los 14 años caí preso por robo a mano armada y robo con intimidación y otras cosas que nunca antes había hecho. Andaba con varios jóvenes en la playa y ‘nadie me hacía mates’, yo tenía la certeza que la vagancia era lo mejor, pero hoy me doy cuenta que no es así porque eso sólo es una fantasía. El mensaje que les doy a los muchachos es que busquen de Dios y que dejen la calle porque Dios nos ama a todos”.

Jarling Javier Torres García: “Anduve en las pandillas, estuve preso seis meses, salía hoy y mañana estaba preso de nuevo. La calle me dejó lesiones y la cárcel, dolor, dijo mostrando una lesión provocada por pedradas.

“Tengo como un año de andar bien, no salgo porque es un problema andar en las calles. Ahora jugamos béisbol, pero ya no buscamos pleitos con nadie. Es ‘feyuco’ estar preso”, dice.

El joven afirma que mientras estuvo tras las rejas, nadie lo visitó, sólo su madre que tuvo que vender hasta su casa y electrodomésticos para poder sacarlo.

“El mensaje para otros muchachos es que dejen la droga y la vagancia porque eso no deja nada, sólo tristezas y soledad”, expresa, tras afirmar que tiene deseos de estudiar y enseñar a los muchachos buenas cosas para que sean mejores.  

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