El edificio de la Normal sigue siendo un lugar para la educación de las nuevas generaciones nicaragüenses, pero necesita de una mano amiga para seguir dejando huellas en la historia caraceña.

Ocho grietas amenazan a la Escuela Normal de Jinotepe

¿Vale la pena restaurar el edificio en donde se forjaron miles de educadoras y educadores de nuestro país? ¿O es preferible derribar lo vetusto y construir instalaciones modernas? Este es el dilema que se presenta a los alumnos, ex alumnos, maestros y ex profesores de la Normal de Jinotepe, e incluso a los habitantes de […]

  • ¿Vale la pena restaurar el edificio en donde se forjaron miles de educadoras y educadores de nuestro país? ¿O es preferible derribar lo vetusto y construir instalaciones modernas? Este es el dilema que se presenta a los alumnos, ex alumnos, maestros y ex profesores de la Normal de Jinotepe, e incluso a los habitantes de esa ciudad

Lucía Vargas C./[email protected]

JINOTEPE.- Ocho grietas descubiertas en la estructura del edificio de la Escuela Normal Franklin Delano Roosevelt, plantean alternativas heroicas, o se restaura todo el plantel o se procede a su demolición. Más allá de si hay recursos para ambas cosas, la eventual decisión ha planteado una controversia fraterna entre alumnos y ex alumnos del centro en la que aparecen anécdotas y recuerdos vividos en ese edificio.

“Ese edificio es como un faro que nos iluminó con su sabiduría”. Los recuerdos vienen a la memoria del profesor Julio López, quien evoca sus años mozos en el internado de la Normal que fuera emporio de la educación allá entre los años cuarenta y los setenta, además de punto obligado de referencia para los visitantes de Jinotepe.

Rememorar hechos alegres, tristes y difíciles de su vida como interno allá por los años sesenta más que un esfuerzo es un gozo para el profesor López, quien en el ocaso de su vida se vuelve protagonista del relato. “La toma de los cuarteles de Jinotepe y Diriamba aquel 11 de noviembre del 60, las tanquetas que rodearon la escuela, la dormida en el salón de actos y la tacita de café con dos bollos de pan que esa noche cenamos con motivo de la emergencia, aún bailan en mi mente”.

Otro recuerdo que sale a flote era la práctica de asistir a clases con camisa blanca “Venus, de cuello trubenizado” y corbata negra… El honor de hacer la práctica en la escuela anexa -que todavía existe-, el bautizo de los pelones a quienes bañaban de anilina en una pila y luego les cortaban el copete de Elvis Presley que estaba de moda.

Alumnos de Chontales, Jinotega, Masachapa, Somoto, Estelí y Chinandega proveían de dinero a aquellos compañeros cuya situación económica era escuálida. “Ellos recibían de sus padres lo que se llamaba “valor declarado”, dijo López, señalando que cien, cincuenta y sesenta córdobas eran para nosotros un capital. La beca costaba ciento veinte córdobas y a nosotros nos daban dos pesos” recuerda el maestro. Un pocicle valía un chelín donde don Dionisio Herrera, el palco en el cine cincuenta centavos y una lustrada donde “Cuco”, otro chelín”, dice el profesor López quien además admite que siendo él originario de Masaya al final se fue quedando en Jinotepe con todo y familia.

“Las cajetas las vendía la Matilde Acuña que todavía vive en La Pila Grande, Cuco y el Cabito eran lustradores, niños de aquel entonces que ahora buscamos para darles algo”, señala don Julio quien nos informa que este 25 de noviembre el comité organizador de ex alumnos normalistas hará un encuentro para celebrar su Día”, y por tratarse del último encuentro del siglo.

Para esto, la comisión especial de viejos alumnos revivirá también la tradición de los desfiles, actos culturales y almuerzos de gala. “Desde hace cuatro años se ha vuelto una tradición esta reunión, es una romería cultural que celebramos el dieciocho de junio, pero ahora la haremos en noviembre”, explicó.

EDIFICIO ES PATRIMONIO HISTÓRICO

La antigua Escuela Normal de Señoritas, que ahora alberga al “Instituto Manuel Hernández” por el día y en la noche al “Instituto Alfonso Urroz Martínez”, fue construida durante la administración del doctor Víctor Manuel Román y Reyes, y luego comprada por el Ministerio de Hacienda. Ahora pertenece al gobierno y no al MECD, dice la licenciada Shirley Cardoza, directora del Manuel Hernández.

En el año 59 la Normal de Señoritas se trasladó a San Marcos y el edificio de Jinotepe pasó a ser albergue de la Normal de Varones. La licenciada Cardoza recuerda a sus maestras normalistas y menciona a doña María Teresa Bermúdez, originaria de Santa Teresa, y quien fuera directora en esos tiempos. “La enseñanza era muy estricta y las alumnas internas procedían de Bluefields, León y Puerto Cabezas”, dice la profesora Cardoza

Muchos baluartes del magisterio han pasado por estas aulas, muchos recuerdos se encierran dentro de sus paredes, pero irónicamente el edificio está olvidado; sólo denota lo que un día fue, una soberbia construcción de piedra, una mole de concreto que ha visto crecer al Jinotepe de ahora y que pareciera gritar a los vientos la agonía de su muerte.

En una constante lucha doña Shirley y sus alumnos enviaron en 1996 una carta a la alcaldesa Aura Lila Aguilar pidiéndole ayuda para restaurar el centro por el gran valor sentimental que representa para los jinotepinos. “Parece que ella hizo las gestión y un día apareció en La Gaceta que había sido declarado patrimonio cultural mediante la ley Número 231 del 10 de octubre de 1996”, señaló la profesora Cardoza.

Según esta ley, el lugar está bajo la protección del estado y le corresponde al Ministerio de Cultura su conservación, además de que como área propiedad del pueblo nadie puede intervenir en él. Sin embargo, ha sido en balde toda esa categoría porque las autoridades del FISE se negaron a restaurarlo, más bien ofrecieron demolerlo antes de invertir en él.

El arquitecto Alejandro González de manera solidaria hizo un estudio sobre los trabajos que amerita el colegio y en su informe detalla que con ciento cincuenta mil córdobas (esto era en el año 96) se podía lograr la reparación, que sólo era maquillar paredes, restaurar techos, reponer servicios higiénicos entre otros, pero la pena fue cuando don José Castillo Osejo, presidente del FISE, más bien mandó a buscar un terrenito para hacer un nuevo centro.

Para los jinotepinos es más valioso tener el edificio que demolerlo. Sin embargo, entre otros gastos hay que componer los servicios higiénicos donde hay 22 en mal estado, las puertas necesitan repararse, los cielos rasos en un 80 por ciento ameritan limpieza y hay que pintar y reparar ventanas.

El arquitecto detalla en su informe que hay ocho grietas que urgen reparación para evitar que colapsen. El edificio fue construido con una técnica híbrida, sus muros y paredes en parte son de piedra cantera unidas con mezcla de cal y arena y reforzados con rieles de acero, en otra parte son de taquezal.

Traslados a granel

El edificio comenzó a funcionar hace 50 años albergando a las alumnas de la Normal de Señoritas de Managua

En 1959 las señoritas se trasladaron a San Marcos y el edificio se transformó en Normal de Varones Franklin D. Roosevelt.

Ahora funcionan ahí dos institutos, el Manuel Hernández en el día y el Alfonso Urroz Martínez por la noche.

En 1990 existían en Nicaragua 13 escuelas normales, en la actualidad sólo hay cinco y el magisterio va de capa caída

La alcaldesa Lila Aguilar consiguió que mediante una ley el edificio fuera declarado patrimonio cultural.

¿Mejor demolerlo?

Si para las autoridades es mejor demoler parte de la historia de Nicaragua, que esa acción la juzguen el tiempo, la gente que pasó por esas aulas y las generaciones que ahí se forman para edificar el mañana de este país.  

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