Rolando Cruz
Tres puntos frágiles para ser atacados por sus oponentes tienen los actuales conservadores en Nicaragua: primero, la desorganización del partido; segundo, ausencia de programa de gobierno; y tercero, carencia de una masificación de la ideología verde.
El primer punto, tal parece ser el de mayor debilidad para los conservadores; la desorganización acarrea resquebrajamientos de los militantes y simpatizantes de cualquier partido. No se les descubre una estructura organizacional que cohesione y consolide un grupo fuerte, en torno a los dirigentes del partido.
Quizás el punto real sea exactamente ese, la pobreza de liderazgo que asoma entre los verdes; de pronto ha descollado una cabeza visible, pero aún no se logra acomodar en la posición necesaria para conducir al partido. Hay resistencia por parte de un sector del partido a apoyar a un líder, que aparentemente fue fabricado de cara a las elecciones, ellos tienen el propio, quien les ha conducido y acomodado en posiciones ya asumidas. Fuerzas desplazadas de la cúpula de mando dentro de la organización están llevando agua al interior del bote, que antes de zarpar, ya amenaza con naufragar. Los intereses particulares de uno y de otro les enfrentan en estériles forcejeos, que lejos de estabilizar al partido, más bien envían una señal agradable a las organizaciones políticas de bandos contrarios.
La desorganización está presente en las secretarías de dirección que no conducen y no coordinan; todos las conocen pero nadie las atiende. Los ataques que han sorprendido al Partido Conservador, no han sido enfrentados por los secretarios del área respectiva; quizás se salva el de Asuntos Nacionales, que acompañó la campaña de los candidatos a alcaldes. Más o menos, también el de Asuntos Jurídicos, a quien se ha visto de vez en cuando acompañando a su presidente, cuando la Ley ha tenido que ser esgrimida. Pero aparte, ni al mismo vicepresidente del grupo se le distingue al frente de la organización en sustitución o en refuerzo de su presidente. Ya lo dijo, el enemigo mayor del Partido Conservador, Arnoldo Alemán: “Los conservadores no tienen organizada ni su casa”.
¿Qué ofrecen los conservadores a la población? Con esa pregunta descalifican a los verdes sus adversarios, cuando de anularlos ante la opinión pública se trata. Sobran los comentarios de algunos ciudadanos que llaman a los programas de opinión, que ahora abundan en los medios de comunicación, para interrogar al conductor del mismo, o al compareciente si el caso lo permite, sobre lo que quieren los conservadores para Nicaragua. Y cada día la gente es más exigente; no se conforman con las respuestas: “Economía Desarrollada”; “Menos desempleo”; “Cero corrupción”; “Un Estado de Derecho”; y otras frases armadas ya desgastadas. En todo caso esas metas serían las resultantes, pero lo importante es el cómo se llegaría a ello; y eso es lo que el Partido Conservador no ha podido definir ante la comunidad nacional. No existe plan definido; a nadie le han vendido la idea de cómo quieren sacar a Nicaragua del ostracismo. De pronto los vimos aferrados a la idea de continuar jugando a la política del “voto castigo”, para que cada quien se acomode a esperar que el gobernador de turno haga mal las cosas, y que la sanción del ciudadano sea dar oportunidad a otra cara nueva.
Y por último, la carencia de difusión de la ideología verde: ¿quién la conoce? Parecer haberse perdido hace muchos años luz en la telaraña de un antiguo pacto y la anorexia política de la década de los ochenta. Hay personas, quizás las mayores, que cuando hablan de ideología del Partido Conservador, lo hacen evocando gratos recuerdos de oligarquías con viejo estilo feudal que predominaron en las zonas rurales de nuestra Nicaragua. “Los patrones que educaban y alienaban al peón”; me dijo un viejo militante conservador del campo, cuando una vez le pregunté qué ofrecían los conservadores, como para que lo hayan convencido para siempre militar en esas filas; “es que el peón en la relación con el patrón se sentía como el hijo con su padre, protegido y educado”.
Todavía priva en el ánimo de muchas personas que el Partido Conservador de antaño era la máxima expresión del pensamiento socrático; el cual afirma que el gobierno debe ser ejercido por los “sabios de la polis”. Traspolado a la realidad nicaragüense, cabe decir: “Que gobierne el rico, porque él sabe de todo”. Todavía recuerdo a la tía Chica, una “cachureca” de las de verdad, en el Chontales de Emiliano, cuando prendía una vela a un daguerrotipo de Fernando Agüero, a la vez que decía: “el poder es para quien lo pueda ejercer”. Era el tiempo de gloria del conservatismo; pero el mundo cambia, y particularmente en Nicaragua, donde después de una revolución social, son pocos los que quieren jugar un papel de agente social pasivo. Eso es lo que tiene que aprender el Partido Conservador y mejorar la oferta; vale decir, enderezar el pensamiento ideológico del Partido.
* El autor es periodista y abogado.