El analfabetismo, un fenómeno social extemporáneo

Resulta anacrónico que en la era de la informática y la automatización, existamos individuos luchando contra el analfabetismo; cuando esto debería ser tema del pasado de la humanidad.

Los apologistas del orden social actual, pudiesen justificarlo aduciendo que el desarrollo tecnológico moderno, garantiza menos mano de obra simple, la que se sustituye eficientemente a través de máquinas robotizadas. Argumento similar esgrimieron los industriales de las primeras textileras a inicios del siglo XIX en Europa, lo que conllevó a que las obreras de la época en vez de identificarse con la industria, o sea las máquinas, observaran en cada una de ellas un enemigo y actuaran en su contra.

Sin embargo, hoy en día las variables de crecimiento y desarrollo económico en general y particularmente en las economías de los países que fueron colonias en América Latina, Africa y Asia, están condicionadas al nivel cultural de sus conciudadanos que por sus propias características son agentes económicos directos a pequeña, mediana y gran escala.

Los empresarios más connotados de las empresas japonesas consideran que el individuo en sí representa su principal riqueza. Si partimos de tal criterio, esto nos obliga a ir creando condiciones para su mayor rendimiento y aprovechamiento en la dinámica empresarial; lo que necesariamente considera una atención priorizada en el aspecto cultural.

Sin embargo, es casi común que los individuos en nuestros países son aceptados o excluidos en dependencia de la posición económica y que representen y por ende, en el aspecto cultural; lo que se convierte en una amenaza económica y social no sólo para las víctimas de esa exclusión, sino que además, ese concepto excluyente está reñido con las pretensiones de nuestras naciones de convertir el crecimiento macroeconómico en desarrollo sostenible, a través del aprovechamiento racional de todas nuestras potencialidades como nación, que dignifique nuestra capacidad negociadora frente a las potencias del mundo contemporáneo que nos hacen girar en torno al eje de la globalización.

Iván Romero.  

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