Orlando Valenzuela [email protected]
Rodolfo Arellano y Eneyda Castillo forman un matrimonio muy singular. Rodolfo tiene 39 años y Violeta 27. Ambos se combinan para realizar un trabajo en común, en el cual el talento artístico se conjuga para dar como resultado una de las más finas piezas de artesanía de balso elaboradas en la Isla Mancarrón.
Rodolfo empezó en 1984 a labrar la madera de balso y gracias al entusiasmo que le puso a este oficio, en poco tiempo ya estaba haciendo sus propios modelos de patos, tucanes, pescados y otras figuras representativas de la fauna isleña.
El balso es un árbol de madera liviana que crece de manera silvestre en casi todas las islas y las riberas del lago, sin embargo, muchos artesanos cultivan esta especie de la flora tropical, para evitar la desaparición del mismo.
Fue en 1987 cuando Eneyda irrumpió en la vida de Rodolfo, quien la motivó a aprender pintura con una finlandesa que impartió un taller a varias campesinas del lugar. De esta forma, mientras él elabora las piezas en madera, ella las pinta con los mismos colores que tienen los animales silvestres que copian de la naturaleza.
Los primeros trabajos de Rodolfo fueron imitaciones de oropéndolas, güises, zanates, pero desde que se juntó con Violeta el acabado de sus piezas ha mejorado mucho, a tal punto que ahora realiza complicadas figuras, como garzas en camalotes, utensilios de cocina en madera e islas con vistosa vegetación.
Eneyda dice que ella no sabía nada de pintura, pero sí tenía muchas ideas y deseos de aprender, por lo que no le fue difícil dominar el pincel y los colores. En sus cuadros ella frecuentemente dibuja lagartos, pájaros, nacimientos y muchos paisajes de tupida vegetación.
Pero Rodolfo y Violeta no están solos en su empeño artístico, ya que sus hijos desde muy temprana edad muestran mucho entusiasmo por la pintura y la artesanía, por lo que sus padres se sienten orgullosos de saber que están sembrando en suelo fértil.